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HACER DEL ARROZ LA CAUSA DE TODOS

Jorge Enrique Robledo Castillo Contra la Corriente Manizales, 24 de mayo de 1999. Haciendo de la llamada “concertación” en el Comité de Seguimiento del Arroz una burla, el presidente de la república aprobó la importación de 140 mil toneladas de arroz paddy seco, las cuales, como ya ocurrió el año pasado, seguramente le abrirán el […]

Hace 1 mes

Jorge Enrique Robledo Castillo

Contra la Corriente

Manizales, 24 de mayo de 1999.

Haciendo de la llamada “concertación” en el Comité de Seguimiento del Arroz una burla, el presidente de la república aprobó la importación de 140 mil toneladas de arroz paddy seco, las cuales, como ya ocurrió el año pasado, seguramente le abrirán el paso a un contrabando de por lo menos 350 mil toneladas más. Y ese grano, puesto en el Espinal, llegará a un precio inferior en un 20 por ciento que el que se le paga hoy a los productores nacionales, precio que es el mismo del año pasado, cuando ya era malo, antes de las notables alzas en los costos de producción de los últimos doce meses. Sin duda alguna, esta medida amenaza con arruinar a 21 mil empresarios y campesinos arroceros, con lanzar al desempleo y al hambre a más de 210 mil obreros agrícolas y con propiciar el brutal agravamiento de la crisis del conjunto de las economías de departamentos como Meta, Norte de Santander, Huila y Tolima.

 

Otra hazaña del neoliberalismo aperturista, esta vez contra un cultivo que tiene productividades como las mejores del mundo, pero que no puede competir por la acción conjugada de los respaldos estatales con que producen el arroz en los países competidores y las políticas económicas internas que debilitan la competitividad de los agricultores colombianos.

 

De acuerdo con reciente artículo de Carlos Gustavo Cano, los “equivalentes del subsidio al productor” de los gobiernos de los 25 países más desarrollados de la tierra llegan al 80 por ciento en promedio en el caso del arroz. También ilustra el calibre de las distorsiones a las que se está sometiendo a los productores nacionales lo que ocurre en el Japón, donde el apoyo estatal a sus arroceros, medido en términos “por encima del precio en el mercado mundial”, llega al 617 por ciento (!), según la OECD (Revista Nacional de Agricultura Nº 914-915). Además, los cultivadores colombianos deben competir cargando con el pesado fardo de un peso sobrevaluado y de desventajas en relación con sus contrincantes en las tasas de interés, los costos de los agroquímicos, maquinaria, tarifas, transporte y tierra, la calidad de las semillas, expansión del riego, cantidad y avance de la investigación y hasta en la seguridad, factores todos que han sido y son responsabilidad de los mismos gobiernos colombianos que, a sabiendas de todas estas diferencias, autorizan las importaciones y alcahuetean el contrabando.

 

Tiende a repetirse en el arroz la historia del trigo nacional, liquidado en la década de 1950 por las importaciones de “excedentes” agrícolas norteamericanos, y la más reciente del algodón, el maíz, el sorgo y los demás cultivos arrasados por un modelo económico que sacrifica el interés nacional al foráneo y que ha fracasado de manera rotunda hasta en su propia lógica, como lo ilustra que los neoliberales no puedan exhibir ni un solo indicador económico exitoso -ni en el agro, ni en la industria, ni en nada- luego de una década de apertura. Es tal el desastre de su demagogia “progresista”, que apenas les quedó intentar defender su doctrinarismo destructor apelando a la tesis absurda y de concepción totalitaria de que aun cuando el régimen que africaniza a Colombia sea un fracaso, no puede reversarse y ni siquiera discutirse.

 

Cuentos. Cualquiera sabe que las políticas se deshacen como se hacen y que los colombianos tenemos el derecho de definir un rumbo económico y unas relaciones internacionales que aseguren la prosperidad de la república. Lo que ocurre es que la definición de las orientaciones correctas hay que ganarlas con un apoyo ciudadano tan grande, que sea capaz de derrotar los minoritarios pero enormes poderes económicos que se benefician de la catástrofe general.

 

La existencia de la producción arrocera colombiana requiere del reclamo decidido de sus productores, naturalmente, pero requiere también del respaldo de absolutamente todas las fuerzas vivas de los departamentos en los que el arroz es la base de la economía. La tarea de la hora consiste en unir en torno a esta causa a gobernadores, alcaldes, concejales, diputados, congresistas, agremiaciones, analistas, obispos, curas párrocos y todos cuantos no tengan intereses que se contrapongan con los de la patria y representen a la opinión pública.

 

Coletilla: que nadie se haga ilusiones. Las importaciones de arroz paddy le abrirán el camino a las de arroz blanco y empacado y, seguramente, terminarán por facilitar hasta las de café.