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Dos décadas de trabajo en defensa del progreso de Colombia

Distinción al senador Robledo Palabras de Iván Marulanda y Jorge Enrique Robledo

Hace 2 semanas

 

Orden del Congreso de Colombia en el Grado Gran Cruz con placa de oro, al Senador de la República, Jorge Enrique Robledo Castillo, como reconocimiento a la labor legislativa desarrollada en el Congreso de la República en beneficio del país.

 

Palabras del senador Iván Marulanda.

Video: https://youtu.be/CI-8bB466AA

 

Señor presidente, señora vicepresidenta, distinguidas, distinguidos colegas senadores. Senador Jorge Enrique Robledo, su distinguida esposa, la doctora Carmen Escobar, sus hijos, sus nietas, sus compañeros de lucha, sus amigos, amigas presentes. Y a todas las personas, miles de personas que lo siguen en toda Colombia, un saludo fraternal.

 

Esta condecoración fue solicitada por la bancada de senadoras y senadores del Partido Alianza Verde. Y fue solicitada porque sabemos y sentimos que el senador Robledo es un paradigma, un ejemplo de ciudadanía, un ejemplo y un testimonio de vida. Y un gran senador. Un gran político. Y porque sabemos que a Colombia le hace enorme falta resaltar los valores éticos, los valores intelectuales, el trabajo de personas tan excepcionales como el senador Jorge Enrique Robledo.

 

Pero al mismo tiempo, porque queremos que la juventud vea en él el paradigma del político y del ciudadano. Y sepa esa juventud que en Colombia hay ejemplos para seguir. Y hay líderes y dirigentes de los cuales nos podemos sentir orgullosos, como nos sentimos orgullosos con lo que ha sido y es el senador Jorge Enrique Robledo. Sus valores, sus luchas, todo lo que ha significado en su trayectoria la defensa de las libertades, la defensa de la soberanía colombiana, de nuestra patria, de nuestra nación, de nuestro pueblo. Lo que significa en su lucha la defensa del trabajo colombiano, del trabajo de los obreros, de las mujeres, de los hombres, de los empresarios, de los campesinos. La manera como ha amado a su pueblo y la manera como lo ha defendido.

 

Con cuánto valor civil, con cuánto carácter, con cuánta lealtad y con cuánta devoción el senador Robledo, quienes hemos estado en la política con él y hemos viajado con él por el país llevando un pensamiento, una consigna, unas candidaturas, unas esperanzas, sabemos que es un hombre leal. Y sabemos, por esa lealtad, todo lo que vale la amistad en la existencia humana y en la vida pública. Porque él es un hombre leal. Es un hombre que siempre anda con la verdad, con el carácter y que además, cuando entrega su voluntad y su palabra a una causa, no la abandona, no declina, no desfallece. Esos son valores extraordinarios sobre todo cuando se lucha por causas, que en las condiciones de vida de Colombia, han venido siendo causas perdidas. Las causas como la lucha contra la corrupción, la lucha por la justicia, la lucha por la igualdad, la lucha por la dignidad, han sido causas muy derrotadas por mucho tiempo. Y sin embargo, él ha estado ahí siempre presente con su palabra, con su valentía, con su lealtad, con su honor, con su honradez y con su laboriosidad.

 

Jorge Enrique Robledo nació en Ibagué en 1950 y estudió arquitectura en la Universidad de los Andes. Se vinculó a la Universidad Nacional de Manizales en el año de 1975. Y estuvo allí como profesor durante 26 años. Fue profesor de taller de arquitectura, diseño arquitectónico y tuvo sus cátedras de economía política. Él integró desde un principio con sus compañeras, con sus compañeros, con un gran entusiasmo y un enorme compromiso social un grupo de trabajo académico que giró alrededor del estudio del patrimonio histórico, arquitectónico y urbano allá en la Escuela de Arquitectura. Ese equipo y ese grupo hicieron investigaciones muy importantes y muy interesantes, como por ejemplo el estudio de la arquitectura patrimonial y de la historia de la fundación y el desarrollo de Manizales. Con énfasis en la arquitectura de bahareque urbana y rural. Ellos trabajaron dentro de una visión y de un concepto, muy interesante y muy creativo y ejemplar, por lo demás, que ellos llamaron la política de pies descalzos. Y se trataba de que los inspiraba un trabajo, por supuesto científico, técnico, profesional, pero vinculado a las realidades sociales, un trabajo vinculado a la historia de nuestro pueblo, un trabajo vinculado al compromiso, al lado de los más débiles, de los más pobres, de los que más sufren en esta sociedad.

 

Y por lo mismo, desde aquellos tiempos empezó su lucha política, que es una lucha ya de 50 años. En la universidad fue profesor durante 26 años. Y en la política lleva 50 años, en el Congreso está cumpliendo 20 años, cinco elecciones, entre otras cosas, en cada elección Jorge Enrique sacó cada vez más votos que en la elección anterior. Y eso es una prueba de la conquista del corazón del pueblo colombiano fruto de su trabajo, de su seriedad, de su compromiso y de su lealtad.

 

En esa primera etapa en la universidad escribió su primer libro que se llamó El drama de la vivienda en Colombia. Aquel libro lo escribió en 1985. Y a este respecto pudieron encontrar y demostrar, en sintonía con investigadores internacionales, de qué manera la región caldense es una de las regiones más importantes como cultura sísmica, cómo se ha desarrollado una estructura sísmica local en el mundo, una de las culturas que mejor ha logrado desarrollar y que logró desarrollar a lo largo de los años de la historia unos sistemas de construcción que obedecían y obedecen a esas características de una región altamente sísmica.

 

Jorge Enrique ha escrito 16 libros. Voy a leer algunos títulos. El drama de la vivienda en Colombia, 1985. Un siglo de bahareque en el antiguo Caldas, 1993. Contra la corriente, tres libros. La ciudad en la colonización antioqueña, Manizales, 1996. Lo que oculta la privatización, 1997. El café en Colombia, un análisis independiente, 1998. Balance y perspectivas del neoliberalismo, 2000. La corrupción en el poder en Colombia. La arquitectura del bahareque campesino en Caldas. Al mismo tiempo, ha escrito más de 2.000 artículos en periódicos como La Patria, como el portal Kien&Ke, como El Nuevo día de Ibagué. Y en otros medios nacionales e internacionales.

 

En la Universidad Nacional a Jorge Enrique lo premiaron con tres condecoraciones muy importantes: La Medalla al Mérito, Maestro Universitario y Orden Gerardo Molina. Al mismo tiempo obtuvo en el año de 1997 el Premio Nacional de Arquitectura en Teoría y Crítica con su libro Historia de Manizales, galardón de la XVII Bienal Colombiana de Arquitectura.

 

Ya les decía, Jorge Enrique intercaló o llevó al tiempo su vida como profesor con su activismo social. Y fue un líder muy importante por la década de los 90, en las movilizaciones campesinas, en las movilizaciones de los caficultores, sobre todo de los pequeños y medianos agricultores. De hecho, es una industria muy democrática. Y en esas movilizaciones por la reivindicación de esa industria que ha sido central en la historia económica colombiana. Pues lograron conquistas muy importantes, como por ejemplo la condonación de las deudas de unos cien mil campesinos, caficultores pobres y la condonación de muy buena parte de las deudas de otros cien mil caficultores.

 

Él se vinculó a las luchas sindicales, a las luchas de las organizaciones sociales, a las luchas cooperativas, de las organizaciones solidarias, de los maestros, de los obreros, de los sindicalistas, de los pequeños y medianos empresarios. Todos los que hemos trasegado en esta vida pública tenemos la imagen inolvidable de Jorge Enrique siempre al frente de las marchas, los primeros de mayo, el Día del Trabajo y en las luchas de reivindicación y en las movilizaciones populares siempre con su orgullo, con su dignidad, con los estandartes y las banderas en alto, reivindicando los derechos de las gentes trabajadoras, de las gentes humildes.

 

Él empezó ya su activismo formal en la política en el MOIR, el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario. Luego en un partido que se llamó la UNO, una coalición, la Unión Nacional de Oposición, luego en el Frente por la Unidad del Pueblo, luego en el Polo Democrático y finalmente en el Partido Dignidad, que lidera, de reciente fundación y al cual representó como precandidato presidencial en la Coalición de la Esperanza en la actual contienda electoral.

 

Allá, desde aquellas luchas con la Unidad Cafetera y las luchas con la Salvación Agropecuaria levantó el discurso sobre la dignificación del trabajo de los colombianos, del pueblo colombiano. La lucha contra el modelo neoliberal. La lucha en contra de los tratados de libre comercio que vulneraron en una forma tan dramática y tan perversa la economía colombiana, al pueblo trabajador colombiano y a los empresarios y a las empresarias colombianas.

 

Después de 40 años de esa lucha, Jorge Enrique, en la que tú hiciste parte fundamental en Colombia, como muchos otros economistas, trabajadores sociales, dirigentes, después de 30 años, las realidades históricas nos dieron y le dieron la razón. Para Colombia, para la economía de los países emergentes, de los países tercermundistas, fue una verdadera tragedia la imposición de las políticas neoliberales y de los tratados de libre comercio que hoy se están revisando en todo el mundo, en medio de una crisis muy dramática y una recesión económica y social, tal vez sin antecedentes en los últimos 100 años.

 

Jorge Enrique, 20 años, senador. Diez años consecutivos fue elegido como el mejor senador de Colombia. Ese reconocimiento se lo hizo un panel muy respetable integrado por más de 2.000 líderes de distintas ramas del saber, que hacen esas evaluaciones año a año de manera muy rigurosa.

 

A lo largo de estos años, Jorge Enrique ha traído a este recinto unos debates espectaculares. Espectaculares por su calidad, por su rigor, por su seriedad, por su dignidad, muchas veces en una enorme soledad. Rodeado de unas mayorías aplastantes en medio de las cuales es casi imposible deliberar. Deliberar con libertad. Pero él, repito, en su dignidad y en su entereza, en su valor civil, siempre se levanta en esta curul y en este lugar para elevar su palabra en la defensa de Colombia y en la defensa de las libertades y en la defensa de la soberanía y en la defensa de la decencia y en la lucha contra la corrupción y en la defensa de los que más sufren en nuestra nación. Recordamos los debates contra la corrupción en los títulos y en los titulares famosos de Odebrecht, de Reficar, de Agro Ingreso Seguro, de Saludcoop.

 

Jorge Enrique, para la bancada del partido Alianza Verde es muy emocionante haber propiciado esta condecoración tan justa, tan justa. Para ti, para tu familia todo nuestro reconocimiento, nuestra admiración, nuestra gratitud. Igual de felices a nosotros están sus amigos aquí presentes, sus compañeros de lucha, sus amigas. Pero además, repito, centenares y centenares de miles de colombianas y colombianos que se han sentido representados y se han sentido seres humanos libres y dignos por la forma como has elevado tu palabra en su nombre.

 

Muchísimas gracias por todo lo que has hecho por Colombia.

 

Palabras del senador Jorge Enrique Robledo

Video: https://youtu.be/EYCzEggL-7k

 

En primer término dar varios agradecimientos, por razones obvias, a la Mesa Directiva del Senado, por haberme otorgado esta distinción, a la Alianza Verde por haber promovido que esta distinción se me ha otorgara, muchísimas gracias. A José Aulo Polo particularmente, porque yo sé que él tuvo mucho que ver con esto. A las amabilísimas palabras de Iván Marulanda, también generosísimas, muchísimas, muchísimas gracias. Agradecerle a mis UTL, a todos quienes han estado conmigo en esta corporación, sin los cuales no se hubiera podido hacer lo que terminamos haciendo en estos años. A Angélica Lozano, no sé si la saludé, pero también Angélica. Bueno, a mi familia un saludo muy cariñoso. A todos mis amigos, a todos quienes están aquí, a mis colegas, saludar también y felicitar a la Comisión 5ª del Senado, porque hoy de la Comisión, que es relativamente pequeña, 4 personas estamos recibiendo esta distinción. Mis queridas amigas Nora García, Maritza Martínez, Guillermo García, también felicitaciones. Un abrazo.

 

Gracias a los electores, a los colombianos que confiaron en mí y han votado por mí a lo largo de todos estos años. Sin ellos, por supuesto, no podríamos estar aquí. Siempre fueron un estímulo. Estímulo que resalto particularmente porque cada cuatro años aumentó la votación. Toda voto de opinión, ustedes saben. Y a todos ellos también mis agradecimientos, porque fueron veinte años en esta corporación, veinte años que, en mi caso, además de que tocaban mi sensibilidad política, tocaban algo para mí valioso, que es el deseo de estudiar y de conocer la realidad, de hacer esfuerzo por acertar y por tener la razón. Y cuando uno aquí en el Senado hace las cosas con rigor, termina volviéndose como un especialista en muchos temas. Cada año es como una especie de posgrado el que uno desarrolla.

 

Yo llegué aquí por mis luchas agrarias, siendo coherente con ellas. Fueron las luchas las que me llevaron al Senado, integrado a la Comisión 5ª del Senado –la de asuntos agrarios– y los veinte años estuve allí cumpliendo mis compromisos de toda una vida, defendiendo la producción agropecuaria, la de los campesinos, los indígenas, los obreros agrícolas, los empresarios, el empresariado colombiano. Todos los productores del agro saben que estuvimos defendiendo esa producción sin distingos de ningún tipo.

 

Quisiera aprovechar el momento para presentar una especie de balance de lo que hice en estos 20 años. Algunas cosas pueden serles útiles a los colombianos y particularmente a los jóvenes. Aquí en el Congreso uno debe cumplir, a mi juicio, tres deberes, trabajando con seriedad y trabajando duro. Un primer deber tiene que ver con las leyes, con toda la cuestión legislativa, que es importantísima votando unas veces sí, votando otras veces no, de acuerdo con las convicciones como tiene que ser, porque es ahí, debatiendo, como uno expresa sus puntos de vista.

 

El otro tema, el de los debates. Yo me esforcé mucho por este tema de los debates, porque la verdad sea dicha, como estuve siempre en la oposición, era prácticamente imposible que las mayorías me aprobaran una ley. Era prácticamente imposible, porque defendía puntos de vista distintos. Entonces hice un ejercicio, un esfuerzo muy grande en el tema del control político, porque me propuse como prender una luz en medio de lo que yo considero la gran oscuridad por la que pasa este país desde hace muchos años. Distintos temas del agro, la industria, la educación, la salud, que atendí con todo rigor y seriedad.

 

Libré una lucha anticorrupción muy fuerte que, creo, le ha servido positivamente al país. Y lo otro, una tarea que no todos los congresistas hacen, pero que en nuestro caso le dimos mucho valor, que fue respaldar los reclamos sociales, los reclamos de la ciudadanía, poner la curul al servicio del estudiante que luchaba, del campesino que luchaba, del empresario que luchaba y defendía su capacidad de desarrollo económico, poner la curul al servicio de los reclamos sociales y de los reclamos de la gente. Me esforcé muchísimo en ello y espero haber cumplido satisfactoriamente.

 

Quiero resaltar un asunto al que le dediqué mucho tiempo, y lo resaltó Iván Marulanda, cuya presentación es supremamente generosa. Algo que quiero resaltar y que él mencionó, fueron mis debates contra el modelo económico neoliberal del libre comercio. Yo llegué aquí ya con una carrera de diez años en contra de la apertura, librada como profesor de Universidad Nacional de Manizales y como dirigente cafetero y de sectores agrarios. Desde esos días, desde que empezó la apertura, fijamos posición en contra de ella.

 

Y tuve la suerte o la tragedia a ratos, no sé, de que me tocó el trámite de la negociación de los Tratados de Libre Comercio, y en la Comisión 5ª lo volvimos un debate riguroso y muy serio, insistiendo en que por ahí nos iba a ir supremamente mal. Y bueno, lamentablemente terminamos teniendo la razón, pienso yo. Ahí están los resultados. Inclusive hay un hecho que me enorgullece mucho. Este probablemente sea el debate económico más profundo y más extenso de la historia de Colombia, porque lo que ha solido suceder en Colombia es que los gobiernos definen políticas económicas y todo el mundo las aplaude como una genialidad. Y esta discusión la logramos mantener viva.

 

Y me llamó mucho la atención que en la pasada campaña electoral cuatro de los candidatos, los cuatro candidatos que más votos sacaron, todos hablaron de revisar los TLC, todos, con más o menos convencimiento, no importa, pero el debate sigue vivo, lo que no solo es muy importante, sino que para mí, digamos, me llena por todos los esfuerzos que hice a lo largo de estos años. Porque la verdad también es que si no logramos ponernos de acuerdo los colombianos y las colombianas para encontrar un modelo económico, un modelo de creación de riqueza, de desarrollo agropecuario, de desarrollo industrial, de desarrollo científico, Colombia no va a poder resolver sus problemas, porque en el inmenso subdesarrollo nacional los problemas saltan y saltan, porque no hay cómo darle un nivel de vida suficiente a la gente, para que la gente pueda estar contenta y desarrollarse plenamente. A los que nos va bien en Colombia somos muy pocos, una minoría, numerosa también, pero en términos relativos, muy pequeña. Y entonces quiero reivindicar esta batalla que hicimos y que seguimos dando como un logro muy importante de mi actividad en el Senado. Muy, muy importante.

 

Pero además con otro hecho que aquí hay que plantear, porque la lucha va a seguir. Colombia está hoy peor que hace 20 años, cuando yo llegué aquí. Ya hemos luchado muchísimo, no solo yo aquí, sino también mucha gente, pero lo lamentable es que hoy Colombia está en peores condiciones que hace veinte años. Me refiero a la vida de la gente, que es el medidor de todo. Ahí están las cifras, son escandalosas. El retroceso industrial es inmenso, el retroceso agropecuario es descomunal. En 1990 Colombia era autosuficiente en producción agropecuaria para alimentarnos y hoy estamos importando 14 millones de toneladas de productos agrícolas. Y en los próximos años debe desaparecer la producción de leche, la de arroz y probablemente la de pollo. Y si toman más medidas equivocadas, pueden terminar acabando con la producción de azúcar, de panela y hasta de palma aceitera. Es la situación en la que estamos. Es la realidad en la que estamos. Vamos a ver cómo van a evolucionar las cosas, pero esta es la realidad.

 

Y todo tiene que ver con mi trabajo y con mi lucha aquí en el Senado. Me preocupa realmente muchísimo, les digo con toda cordialidad, la suerte del país. Muchísimo, muchísimo. Cinco millones de colombianos en el exterior y está otra vez disparada la emigración. Un país que se queda sin gente no tiene futuro. Toda riqueza proviene del trabajo. Los países exitosos atraen inmigrantes porque aportan más trabajo y más riqueza. Y países como el nuestro expulsan a la gente. No es posible tener futuro así. Llamo la atención sobre esto.

 

Termino diciendo que habrá que seguir luchando, pero sobre todo hay que hacer un esfuerzo grande para que los colombianos seamos capaces de unirnos en dos ideas fuerza. La primera, que Colombia está lejos de funcionar en su potencialidad. El nuestro es un país con un territorio enorme, lleno de todo tipo de riquezas. Los trabajadores colombianos tenemos fama en el mundo de buenos trabajadores, sea como asalariados o como empresarios. Es inaceptable que nosotros no estemos en el primer nivel del progreso universal. Entonces, insisto en la propuesta de que tenemos que unirnos. Colombia no puede seguir como está en este tipo de confrontaciones que al final no nos permiten resolver los problemas.

 

Unirnos entonces en dos ideas. Primero, reconozcamos que estamos lejos de nuestra potencialidad. Colombia puede ser un país mucho mejor del que es. Pero no lo es porque ha estado mal gobernado, porque no se han hecho las cosas que hay que hacer.

 

Y la segunda, unámonos en la idea de las transformaciones que debemos emprender. Yo sé que unir es muy difícil, pero hay que lograrlo. Hay que unir a los sectores populares, a los asalariados, a los informales, a los campesinos, a los indígenas, a los obreros agrícolas, a las clases medias y al empresariado que esté de verdad por el progreso de Colombia. Si no somos capaces, no va a ser posible resolver los problemas y el país cada vez va a verse metido en peores dificultades. Sin empleo, sin generación de riqueza, sin desarrollo industrial, sin desarrollo agropecuario, no es posible salir adelante.

 

Bueno, por último, decirles a mis colegas del Senado que hice esfuerzos a lo largo de estos veinte años por ser directo, por ser franco, por decir las cosas como creo que deben decirse, pero hice también al mismo tiempo un esfuerzo por no maltratar, por llevar las cosas hasta ciertos límites que aseguraran un mínimo respeto en medio de la controversia. Si en algún momento me pasé de la raya, si en algún momento se me fue la mano, como se dice coloquialmente, no tengo inconveniente en pedir excusas a quien haya ofendido o maltratado, porque es de mi convicción que el debate hay que hacerlo con todo rigor y con toda seriedad y al mismo tiempo con todo respeto.

 

Yo hace muchos años aprendí una frase que es muy profunda, en la que creo: no hay que reemplazar el análisis sobre los hechos por los ataques a las personas. El debate debe darse es sobre los hechos, sobre los debates políticos y económicos. Y no convertirlo, como en parte se ha hecho en Colombia, en parte también promovido por las redes, en ver quién es capaz de insultar más o maltratar más. No es la manera como se deban resolver las contradicciones.

 

Agradecerles a todos ustedes por su presencia, a mi familia, a mis amigos, a todos ustedes y a los colombianos, nuevamente, a todos los que me permitieron el privilegio, porque es un privilegio, de haber estado veinte años en esta Corporación.