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POR QUÉ BUSH NO ES BIENVENIDO

Jorge Enrique Robledo Vocero en el Senado Polo Democrático Alternativo Bogotá, 9 de marzo de 2007. Porque este es el hombre que faltó a la verdad ante la ONU para justificar su invasión a Irak, agresión imperialista en beneficio de las trasnacionales estadounidenses que le ha costado a ese pueblo 600 mil muertos, una dictadura […]

Hace 6 meses

Jorge Enrique Robledo

Vocero en el Senado

Polo Democrático Alternativo

Bogotá, 9 de marzo de 2007.

Porque este es el hombre que faltó a la verdad ante la ONU para justificar su invasión a Irak, agresión imperialista en beneficio de las trasnacionales estadounidenses que le ha costado a ese pueblo 600 mil muertos, una dictadura oprobiosa y desgracias sin fin. Porque es el responsable de las torturas en las prisiones de Abu Graib y Guantánamo, convertidas en símbolos del fascismo contemporáneo, y quien pretende que la humanidad vuelva a legalizar la tortura como método de investigación judicial.

 

Porque este es el hombre que encabeza el más siniestro aparato de represión internacional, culpable de secuestros de ciudadanos extranjeros en otros países y de trasladados criminales en vuelos clandestinos a cárceles secretas, prácticas extraídas del mundo nazi. Porque sus mismos conciudadanos lo repudian cada vez más por haberles recortado los derechos civiles con engendros como la mal llamada Ley Patriota, regresión sin precedentes en la historia democrática de ese país.

 

Porque este es el hombre que tiene a su servicio a las mayores cadenas mundiales de la información, convertidas por él en armas de omnipresente manipulación psicológica. Porque con el mal llamado “libre comercio” busca que las trasnacionales se apoderen de las materias primas, las empresas y el trabajo de América Latina, así como arrebatarles a estos países hasta su propia capacidad de producir bienes agrarios e industriales, convirtiéndolos en unas especies de colonias del Imperio.

 

Porque con el Plan Colombia, además de la intervención militar estadounidense en el sagrado territorio nacional, le impuso al país todo tipo de condicionamientos económicos y sociales en beneficio de las trasnacionales estadounidenses.

 

¿Podrá ser este el portavoz de la democracia y el suyo un “gobierno prolibertad”, según él mismo lo define? ¿Podrán calificarse las carnadas que ocultan los anzuelos con los que soborna y pesca incautos como actos de “ayuda”, según afirma su propaganda?

 

Pero Bush es también el representante de un imperio en decadencia, minado por enormes problemas económicos, con sus tentáculos tan extendidos que deberán reventarse, repudiado por millones de seres en los cinco continentes y en su propio país, atrapado en dos guerras sin salida y a punto de perder del todo la careta de “amigo de la humanidad”.

 

Sus líos son tantos, que el Imperio ha comenzado a perder terreno hasta en América Latina, donde la insumisión en contra de sus imposiciones avanza, realidad que en parte explica la operación de maquillaje que representa su viaje por el continente.

 

La cita entre Bush y Uribe será una reunión de fracasados, el del Norte ya en el tope de su descrédito y sin el control del Congreso de Estados Unidos y el otro hundiéndose –especialmente en el extranjero– en el escándalo de la parapolítica, puesto que no logra explicar por qué cerca de cien de sus principales jefes políticos están presos, prófugos, sindicados o mencionados por sus relaciones con el paramilitarismo. Y a propósito, ¿la parapolítica se desarrolló a las espaldas de la embajada estadounidense en Bogotá?

 

El pleito con Bush, la Casa Blanca y el Imperio no es una contradicción con el pueblo estadounidense, el cual le ha hecho aportes evidentes al progreso de la humanidad, también sufre por el “libre comercio” y es solidario con los países que resisten a la dominación de Washington.

 

Cuando el Polo Democrático Alternativo gobierne a Colombia, luego de superar la actual pesadilla, tendrá relaciones económicas y diplomáticas con todos los países de la tierra, incluido Estados Unidos, aun si este último tuviera un gobierno peor que el actual, porque sabe de la conveniencia de entenderse entre naciones dirigidas por concepciones políticas diferentes. Pero, eso sí, dichas relaciones no serán en condición de vasallos, sino a partir del más celoso respeto de las respectivas soberanías nacionales, del beneficio recíproco en los intercambios y de la no injerencia de un gobierno en los asuntos del otro.