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LA VERDAD TAMBIÉN ES VÍCTIMA DEL TLC

Jorge Enrique Robledo Castillo Bogotá, 5 de mayo de 2006. En carta enviada a los congresistas colombianos sobre lo acordado en el TLC, el ministro de Comercio, Jorge Humberto Botero, dice: “Se eliminan los subsidios a las exportaciones de Estados Unidos que tengan como destino el territorio nacional”, texto redactado con cálculo para inducir a […]

Hace 6 meses

Jorge Enrique Robledo Castillo

Bogotá, 5 de mayo de 2006.

En carta enviada a los congresistas colombianos sobre lo acordado en el TLC, el ministro de Comercio, Jorge Humberto Botero, dice: “Se eliminan los subsidios a las exportaciones de Estados Unidos que tengan como destino el territorio nacional”, texto redactado con cálculo para inducir a error al lector. La clásica verdad a medias. Porque lo que Botero calla es que si bien se acordó eliminar los llamados “subsidios a las exportaciones” estadounidenses, seguirán los que llaman “ayudas internas”, que llegan a 54.977 millones de dólares anuales, porque Colombia aceptó que estos subsidios ni siquiera se mencionaran en la negociación.

 

En el primer punto de la misma carta, el mincomercio también afirma que con el TLC los productos agropecuarios colombianos tendrán “acceso real” al mercado de Estados Unidos, pues lo acordado en medidas sanitarias y fitosanitarias evita el “abuso en la imposición de barreras no arancelarias”. Y el minagricultura, Andrés Felipe Arias, dice que “el acceso alcanzado para nuestros productos es acceso real”. Mentiras. Porque si en el algo se impuso el punto de vista de Estados Unidos fue en el mantenimiento de las talanqueras con que en esta materia ese país protege su agro.

 

Al respecto, antes de la firma del Tratado, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) explicó (www.sac.org.co/pages/tlc/tlc.asp): “Las negociaciones con EU han sido difíciles, en la medida que al inicio de las mismas ese país manifestó el interés de preservar su statu quo en materia sanitaria, es decir, no ir más allá de lo que hoy existe en el Acuerdo de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la OMC”. Además dijo que “Si no se tiene la posibilidad de recurrir al mecanismo de solución de controversias tal como está planteado en el capítulo sanitario del TLC, las posibilidades de lograr que (sic) los desarrollos sanitarios del comité o los grupos de trabajo son nulas”. ¿Y qué se acordó? “Provisiones generales: 1. Las partes afirman sus derechos y obligaciones existentes con respecto a cada una de las otras bajo el Acuerdo OMC en la aplicación de las Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (‘Acuerdo MSF’). 2. Ninguna parte podrá recurrir a la Solución de Controversias de este Tratado para cualquier materia que surja bajo este capítulo”. A lo anterior le añadieron un Comité Permanente incapaz de ocultar lo pactado, porque de todas maneras tiene como primer propósito “reforzar la implementación por cada una de las partes del Acuerdo MS y F” de la OMC, y, dicen, unas cartas adjuntas que, como es obvio, no pueden contradecir los criterios anteriores.

 

De otro lado, ante la afirmación del ministro de Agricultura de que los avicultores habían quedado muy bien protegidos, Fenavi explicó que “Lo que aseguró” este, “por lo impreciso, en nada contribuye a ilustrar de manera adecuada al país y al Legislativo sobre el verdadero resultado de las negociaciones de dicho acuerdo para el sector avícola, el cual fue muy perjudicial para nosotros”. Cuidadosa manera de no hablar de mentiras. Y la agremiación explica: “Aunque a primera vista parece alto o suficiente un arancel de 164,4 por ciento para trozos frescos, y generoso un plazo de desgravación de 18 años, la verdad es que cuando se tiene un arancel de 70 por ciento para los trozos sazonados o condimentados, lo que se da por descontado es que habrá, desde el primer día del acuerdo, unas masivas importaciones de este último producto, cuya preparación es elemental y muy económica, tanto, que la diferencia en valor con los trozos frescos no llega a uno por ciento”. No hay que tener un doctorado en economía para saber que si la tonelada de trozos de pollo producida en Colombia cuesta 1.650 dólares, mientras que la gringa vale 506 dólares, un arancel del 70 por ciento no protege la producción nacional.

 

Y es difícil encontrar afirmaciones más falsas o tendenciosas, propias del país virtual que pretenden crear desde la Casa de Nariño, que muchas de las dichas en torno a la contradicción CAN-TLC. Porque el TLC acaba con la CAN en la práctica, en los hechos, que es lo que cuenta, así Venezuela no se retirara de ese pacto subregional, como se explicó en esta columna antes del anuncio venezolano. Pues el acuerdo con Estados Unidos termina, también de hecho, con el Arancel Externo Común de la CAN frente a terceros países, el cual era “el eje de la integración comercial”, según  explicó el ministro de Comercio colombiano. ¡Que cada centavo de exportaciones que Colombia pierda frente a importaciones gringas en la zona andina se le cargue al pasivo del TLC!