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DEL IMPERIO, LA DESCOMPOSICIÓ Y OTROS ASUNTOS

Jorge Enrique Robledo Bogotá, 12 de enero de 2007. Ante tantos hechos dignos de mención en el tránsito de 2006 a 2007, toca apelar a la brevedad para no dejar pasar algunos de ellos sin comentarlos.   El primero, seguramente el más importante en los tiempos del mercado único global –para que únicamente puedan operar […]

Hace 4 semanas

Jorge Enrique Robledo

Bogotá, 12 de enero de 2007.

Ante tantos hechos dignos de mención en el tránsito de 2006 a 2007, toca apelar a la brevedad para no dejar pasar algunos de ellos sin comentarlos.

 

El primero, seguramente el más importante en los tiempos del mercado único global –para que únicamente puedan operar con éxito las trasnacionales–, es el fracaso de Estados Unidos en el Medio Oriente. Y no solo fracasa por la previsible derrota de sus invasiones a Irak y Afganistán y por pasajes tan vergonzosos como los de Guantánamo, Abu Grabi y la ejecución de Hussein, sino por algo peor. Los viejos imperios sojuzgaron a sus colonias a sangre y fuego, y el sistema les funcionó durante siglos. Pero como causa y efecto de las revoluciones de independencia de América, Asia y África, el colonialismo se hizo intolerable para los pueblos, por lo que las metrópolis debieron cambiarlo por el neocolonialismo, sistema igual de rapaz y que cuando opera bien no debe emplear la ocupación militar, sino mantener la ficción de las independencias nacionales y presentar la exacción como “ayuda”. Luego el peor fiasco de un imperialismo en el siglo XXI es tener que emplear métodos coloniales, pues fracasa en el objetivo de ocultar su auténtica naturaleza, garlito fundamental en su arte de dominar.

 

Uno de los signos de descomposición de las sociedades es que toleran hechos que antes no toleraban o que son intolerables en otros países, situación que permite presentar la desfachatez como franqueza. Entre los muchos casos de estos que podrían mencionarse en el uribiato, resalta que Jorge Humberto Botero, el responsable de negociar por Colombia el TLC, Tratado que incluso resultó ser el peor de su tipo en América, haya salido de su Ministerio para Washington como empleado del Banco Mundial, institución que controla el gobierno norteamericano y que impone el “libre comercio” en el mundo. Y hace meses disfruta de la misma ciudad Santiago Montenegro, quien dejó a Planeación Nacional para emplearse en el BID, banco bajo el control absoluto de la Casa Blanca y que preside Luís Alberto Moreno, también premiado con ese puesto luego de ser embajador de Colombia en Estados Unidos. Las preguntas son obvias: ¿alcanzaron esos cargos por representar los intereses de Colombia o los de Estados Unidos? ¿O van a decir que los intereses de los dos países son idénticos?

 

En el colmo de la concepción plutocrática que caracteriza al uribismo, el gobierno acaba de aprobar que los créditos bancarios al consumo y a los pequeños y medianos negociantes podrán incrementarse, sin caer en usura, del 22,61 al 31,02 y el 32,09 por ciento, un aumento del 37,2 por ciento, en tanto las tasas máximas de interés a los monopolios y las trasnacionales disminuirán del 22,61 al 16,61 por ciento, un descenso del 26,5 por ciento. ¡Y hay que oír a la alta burocracia exigiendo los agradecimientos de los débiles que van a ser todavía más esquilmados por un sistema financiero que el año pasado obtuvo utilidades por encima de cuatro billones de pesos! El reino del descaro. Con el mismo que se justificó la reforma tributaria que les bajó los impuestos a los magnates del mundo –porque estos ya son dueños de casi todo lo que vale en Colombia– y se los elevó a los colombianos rasos, incluidos los indigentes.

 

¿Cuánto tiempo pasará antes de que el Presidente Uribe Vélez les dé alguna explicación política a los colombianos de por qué, faltando datos de muchos municipios, medio centenar de importantes jefes políticos suyos están presos, prófugos, sindicados o señalados por sus relaciones con el paramilitarismo? Su silencio, ¡que ya es de meses!, no prueba que su deber sea callar. Simplemente, muestra que puede darse el lujo de hacerlo, porque se aprovecha, una vez más, del ambiente de descomposición en el que naufraga la sociedad colombiana.

 

Nadie refutó –porque no se podía– los muy serios y detallados argumentos con los que Oscar Gutiérrez, diputado de Caldas, demostró que es una bobería, o algo peor, organizar el transporte masivo de Manizales en función de un cable aéreo, proyecto que empieza con el despropósito de trasladar la terminal del transporte intermunicipal para un punto en el que, supuestamente, justifica el cable. La clásica alcaldada de un funcionario que lo primero que hizo, para poder proponerse despilfarrar en el engendro 60 mil millones de pesos de los escasos recursos públicos, fue cooptar en el concejo municipal a los que se supone le deben controlar sus propuestas.