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CÓMO SE FERIA LA CHEC

Jorge Enrique Robledo Castillo Contra la Corriente Manizales, 5 de abril de 2002. Es muy probable que el próximo 10 de abril –cuando, luego de un proceso secreto, la banca de inversión Rodthchil le fije precio a la Chec– se dé inicio a la definitiva pérdida para los caldenses de lo que hasta hoy es […]

Hace 6 meses

Jorge Enrique Robledo Castillo

Contra la Corriente

Manizales, 5 de abril de 2002.

Es muy probable que el próximo 10 de abril –cuando, luego de un proceso secreto, la banca de inversión Rodthchil le fije precio a la Chec– se dé inicio a la definitiva pérdida para los caldenses de lo que hasta hoy es su principal patrimonio, el cual se construyó con el esfuerzo de los habitantes de la región por más de medio siglo. Porque es un secreto a voces que el 56 por ciento de la empresa se feriará por una suma bajísima y que la participación accionaria de Manizales y Caldas se reducirá a menos de la mitad de lo que hoy tienen, porcentaje que, además, “quedará valiendo una suma pírrica”, como lo señaló Néstor Buitrago Trujillo.

 

El pretexto del gobierno nacional para malvender la mayoría de la Chec son sus problemas financieros, dificultades que tienen como responsable principal al propio gobierno, pues éste se ha negado a pagar los 220 mil millones de pesos que le adeuda a la empresa por subsidios y tampoco ha querido asumir el costo del desmonte del contrato con Termodorada, contrato leonino que ya le ha significado a la Chec botar más de 96 mil millones de pesos. Y el contrato de PPA con Termodorada tiene como primer culpable al gobierno porque éste no lo avaló, como sí lo hizo con los similares de las otras electrificadoras regionales, y porque Planeación Nacional embaucó a la junta directiva de la Chec con el supuesto crecimiento de la demanda de energía, cuando ya estaba claro que las políticas neoliberales producirían el desastre que produjeron. Es obvio que si estos dos problemas se resolvieran desaparecería cualquier disculpa sobre la necesidad de vender parte de la Central Hidroeléctrica de Caldas.

 

La otra razón por la que la Chec se pondrá en venta por una suma bajísima, puede calificarse de negociado “con base científica”. Éste consiste en que los neoliberales no valoran las empresas del Estado por sus activos sino por sus flujos de caja, los cuales relacionan con las tasas que se les antoje ganar a los inversionistas, porcentajes que siempre son muy altos y que solo pueden aparecer bajando al mínimo el precio de venta de las empresas. El cuadro se completa cuando se sabe que la enajenación de las electrificadores regionales no es una opción sino una obligación impuesta por el Fondo Monetario Internacional. Empresas empujadas hacia su quiebra, ventas obligadas y ganancias exorbitantes conforman el trípode en el que se para la privatización.

 

El tercer aspecto que ha colocado a los caldenses, en lo que a las decisiones legales respecta, como simples observadores de cualquier ocurrencia del gobierno nacional en su contra, es imputable a decisiones del orden local. Hasta el año pasado, los estatutos de la Chec le daban poder de veto al representante de las acciones de Caldas en la junta directiva de la empresa. Pero en un pésimo día para los intereses regionales y nacionales, el gobernador de Caldas, con el respaldo del alcalde Manizales, decidió ceder de manera graciosa dicha garantía, con lo que le concedió al ministerio de Hacienda la posición absolutamente dominante de la que hoy disfruta.

 

Pero no obstante las evidentes dificultades para defender los intereses de Caldas y Colombia en la Chec, todavía es tiempo de impedir que el gobierno nacional malbarate sus acciones y facilite mayores alzas en las tarifas de la electricidad. Si todos los caldenses nos unimos en contra de esa decisión, no habrá poder capaz de imponerla.

 

Coletilla: sirva esta columna, que aspiro no desaparezca bajo el peso de mis nuevos deberes, para agradecerles a quienes me eligieron como senador de la República, y especialmente al puñado de patriotas que se echó sobre sus hombros la responsabilidad de vencer en una batalla en extremo desigual. Y no sobra contar que de lo que gane en el Congreso solo tomaré para mí una suma que me permita seguir viviendo como vivo; el resto, se destinará a las causas políticas y sociales que busquen el progreso de la nación.