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CARTA A LA IZQUIERDA DEMOCRÁTICA

Jorge Enrique Robledo 30 de septiembre de 2011. Cuando en el mundo y en Colombia se confirma el rotundo fracaso de las concepciones retardatarias, ¿qué debe hacer la izquierda democrática? ¿Rendirse o mantener en alto sus banderas? ¿Someterse a Santos u oponérsele? ¿Abandonar al Polo Democrático Alternativo o respaldarlo para que supere sus problemas y […]

Hace 5 meses

Jorge Enrique Robledo

30 de septiembre de 2011.

Cuando en el mundo y en Colombia se confirma el rotundo fracaso de las concepciones retardatarias, ¿qué debe hacer la izquierda democrática? ¿Rendirse o mantener en alto sus banderas? ¿Someterse a Santos u oponérsele? ¿Abandonar al Polo Democrático Alternativo o respaldarlo para que supere sus problemas y triunfe?

Es un hecho que en la contratación de las vías de Bogotá sucedieron cosas que no debían suceder en un gobierno del Polo y que hay graves sindicaciones en contra de Samuel e Iván Moreno Rojas, acusaciones que estos controvierten en los estrados judiciales, donde deberá darse el veredicto, pero que han sido acogidas por la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía General de la Nación.

El Polo tiene una posición de principios en contra de la corrupción. Carlos Gaviria afirma que corrupción e izquierda democrática significan una contradicción en los propios términos. También constituye pieza irrenunciable de las concepciones democráticas el debido proceso, el cual no debe descartarse ni cuando hacerlo aparezca como lo más conveniente desde el punto de vista político. Dentro de estos dos criterios decidió actuar el Polo, que anunció que sus decisiones políticas se acompasarían con las judiciales, como en efecto ha ocurrido con determinaciones que ningún otro partido en Colombia ha adoptado en condiciones equiparables. El Polo, además, reconoce como un error político suyo que estos hechos ocurrieran en una Alcaldía elegida con su aval.

Es natural, de otra parte, que existan valoraciones diferentes sobre la manera como el Polo asumió este problema y lo que debe hacer. Una, la de las fuerzas retardatarias, que decidieron liquidar o dividir al Polo desde que se fundó y se aprovechan de la oportunidad para hacerle el mayor daño, mientras ocultan que lo mucho que Colombia tiene de cleptocracia toca con ellas y es anterior a la fundación del Polo. Otra, la de quienes pueden o no coincidir con las decisiones del Polo en este caso, pero que creen en la necesidad de darle un cambio profundo al país y se preguntan: ¿Qué hacer? ¿Irse tras las opciones del régimen, como Luis Eduardo Garzón, por el mismo camino que recorre Gustavo Petro?

Un análisis objetivo tiene que reconocer que el Polo es más, mucho más, que sus errores. Para empezar con sus aciertos, es la única fuerza política opuesta al gobierno de Juan Manuel Santos, oposición que se deriva del Ideario de Unidad, programa que propone superar la gravísima crisis económica, social y política del país enfrentando sus causas, es decir, las políticas del Consenso de Washington.

El Polo, además, tampoco se ha equivocado a la hora de escoger lado en las contradicciones sociales, pues siempre ha acompañado a trabajadores, campesinos, indígenas, capas medias y empresarios no monopolistas que luchan por mantener o ganar espacios que les permitan prosperar. Si en el país pasa lo que pasa con el Polo debatiendo, denunciando, respaldando a los que reclaman, cómo serían las cosas con un partido de falsa izquierda democrática, en lo fundamental sumiso a las concepciones retardatarias. ¿Adónde podrían llegar las desgracias de Colombia si el Polo hubiera tomado la bien recompensada decisión de entregársele a Santos?

También acertó el Polo al darse unos estatutos con los que las diferencias internas –inevitables no en este partido, sino en cualquier organización de los seres humanos–, se resuelven mediante el método democrático de las mayorías cuando no es posible el consenso, concepción que se negaron a aceptar quienes vieron al Polo no como un partido de proyecciones históricas, el de la izquierda democrática, diseñado para ir más allá de las personas y transformar a Colombia, sino como el estribo de ambiciones personales alcanzables al amparo del régimen. Y el Polo ha acertado con impactantes políticas sociales en Bogotá y la Alcaldía de Clara López.

Que se demostraran las complejidades de consolidar un partido grande de la izquierda democrática, capaz de vencer, no puede usarse para cejar en el empeño, porque de su éxito depende la transformación democrática de Colombia. El Polo mantiene su lucha por las convicciones que le dieron vida y en su nombre hay más de 5.500 candidatos que, como Aurelio Suárez, con patriotismo, dignidad y valor civil representan los intereses y virtudes de la nación colombiana. Es la hora de respaldarlos.