Generic placeholder image
Generic placeholder image

¿QUÉ HACER CON LOS MENOS POBRES?

Jorge Enrique Robledo Castillo Contra la Corriente Manizales, mayo 21 de 1996. En uno de los sitios donde suelen reventar las crisis económicas es en el sistema financiero. Y la razón es obvia. En la medida en que se hunden los negocios, llega el momento en que las deudas se vuelven impagables, sobre todo si, […]

Hace 1 mes

Jorge Enrique Robledo Castillo

Contra la Corriente

Manizales, mayo 21 de 1996.

En uno de los sitios donde suelen reventar las crisis económicas es en el sistema financiero. Y la razón es obvia. En la medida en que se hunden los negocios, llega el momento en que las deudas se vuelven impagables, sobre todo si, como ocurre en Colombia, las altas tasas de interés destruyen cualquier esfuerzo productivo. Un cafetero comentó: “me acaban de prestar diez millones de pesos. Dentro de un año debo pagar seis millones (cuatro de intereses y dos de capital), y todavía quedo debiendo ocho millones” (!!!).

Por ello, desde que se hizo evidente lo larga y profunda que sería la crisis cafetera, empezaron los reclamos para que se atendiera el problema de la deuda. Primero se propuso y se obtuvo la refinanciación, la cual, francamente, sirvió m s de solución para los banqueros que para los cafeteros, porque estos lo único que en realidad lograron fue acrecentar los pasivos y alargar su agonía, aplazando el momento del remate. Después se planteó la condonación de las deudas, una propuesta que apuntaba a resolver en serio el problema de la aut‚ntica incapacidad de pago y del acceso a nuevos créditos.

Desafortunadamente, hablarle al neoliberalismo de condonación resultó como sacarle al diablo una hostia, a pesar de que la experiencia nacional e internacional permitía demostrar que esa era una propuesta sensata y posible. Entretanto, el tiempo corría en contra de los productores, quienes veían aumentar la masa total de sus acreencias al ritmo de la usura institucional del país. Por fin, luego de largos reclamos, se dieron -con bastante timidez- las primeras condonaciones, y meses después se aprobó la Ley 223 de 1995, que perdonó los pasivos hasta tres millones de pesos, en tanto disminuyó los intereses de los créditos no redimidos al 18 por ciento anual hasta el año dos mil. Y a un tope de condonación evidentemente bajo, se sumó el truco presidencial de reglamentar la ley, mediante el decreto 0303 de 1996, exigiendo sumar lo prestado en cada banco para efecto de definir si se sobrepasa el límite de los tres millones de pesos, a pesar de que esa reglamentación viola de manera flagrante lo definido legalmente, como esperamos se encargar  de demostrarlo la demanda instaurada ante el Consejo de Estado con el propósito de que se condonen hasta tres millones de pesos con cada prestamista.

No había que ser un adivino para darse cuenta de que el límite impuesto a la condonación la convertiría en insuficiente y que la rebaja de los intereses para las deudas restantes -aunque de cierta importancia- no sacaba del aprieto a muchos, en razón de que, como dijo alguien, “qué saco con que me rebajen los intereses a partir de 1996, si pierdo la finca ahora”. Y luego de varios meses de paciente observación, de análisis de rentabilidades, de oír a los caficultores, de leer lo que dicen los banqueros y de saber lo que se comenta en privado, ya no hay duda: el monto de lo condonable resultó demasiado bajo y van disparados hacia la quiebra y la pérdida de sus tierras miles de productores de café pequeños, medianos y grandes.

Entonces, hay que poner otra vez sobre el tapete el tema de las deudas, haciendo la obvia advertencia de que los campesinos menos pobres y los empresarios de todos los calibres también requieren de soluciones prontas y efectivas a sus problemas. Es una tontería imperdonable plantear que cualquiera que deba m s de tres millones de pesos resulta ser algo así como un oligarca que no paga porque no quiere y que, entonces, debe ser abandonado a su suerte, como si no fueran ya siete largos años de precios internos bajísimos y de tasas de interés altísimas, y como si quienes han construido patria a partir de cierto éxito en los negocios debieran ser sancionados excluyéndolos de la solidaridad nacional.

Coletilla: luego de quince años apertura, en Argentina, el país que produce la mejor carne de vacuno del mundo, los pobres se están comiendo los gatos. ¨Hasta donde tendrá que llegar el hambre para que los dirigentes sensatos del mundo reaccionen contra el engendro neoliberal?