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NO PELEAR CON LA DEMOCRACIA

Jorge Enrique Robledo Castillo Contra la Corriente Manizales, 28 de septiembre de 1998 La demanda a los estatutos de la Federación de Cafeteros le significó al suscrito ser acusado de atentar contra los recursos del Fondo Nacional del Café que le llegan a Caldas. Pero eso no es cierto. Veamos por qué y veamos en […]

Hace 6 meses

Jorge Enrique Robledo Castillo

Contra la Corriente

Manizales, 28 de septiembre de 1998

La demanda a los estatutos de la Federación de Cafeteros le significó al suscrito ser acusado de atentar contra los recursos del Fondo Nacional del Café que le llegan a Caldas. Pero eso no es cierto. Veamos por qué y veamos en qué consiste toda la petición:

 

En ella se pide que el presidente de la república no sea el que, en últimas, escoja al gerente de la Federación, sino que lo seleccionen solos, sin injerencias oficiales, los delegados al congreso cafetero. También se busca que los miembros de los congresos cafeteros no tengan que votar por departamento, en manada, sino que cada uno pueda decidir libremente, según su leal saber y entender. Es obvio que esto no atenta, de ninguna manera, contra los intereses de Caldas.

 

Para analizar el tema que ha servido de pretexto a unas acusaciones infundadas hay que empezar por decir que, sin importar los detalles de los estatutos de la Federación, no existe ni la menor posibilidad de que a Caldas, o a cualquier departamento, le lleguen recursos del Fondo del Café que no sean proporcionales a los que sus caficultores aportan a ese Fondo. Y no es posible porque se trata de recursos definidos por la Constitución como parafiscales, es decir, que se recaudan para serle devueltos, de una u otra manera, a los mismos que los aportan. Y esa proporcionalidad también es la base de los aportes a cada municipio. Además, ¿por qué va a perder poder Caldas si su comité departamental y sus delegados al congreso cafetero se eligen mediante el sistema democrático del cociente electoral como lo ordena la Ley 188 de 1995?

 

Tampoco es cierto que si en Caldas hay una sola circunscripción electoral en vez de seis para elegir su comité departamental y sus delegados al congreso cafetero, se produciría un desastre. Si así fuera, el desastre se habría producido desde hace 70 años, porque es la primera vez, desde 1927, que los miembros de los comités departamentales se eligen de seis circunscripciones. Siempre, hasta hoy, según los estatutos de la Federación, se eligieron de una sola circunscripción, así hubiera la costumbre de hacer listas con candidatos de las distintas zonas del departamento. Y nada impediría que esa costumbre se mantuviera.

 

Por otra parte, y así se gane la demanda y se aplique la ley y la Constitución, no es imposible conciliar la aplicación de la democracia con las diferencias de producción por departamento a la hora de tomar decisiones en los congresos cafeteros y de elegir sus representantes en el Comité Nacional. Como las diferencias de producción existen, ese es un hecho que puede generar consecuencias. Pero también debiera aceptarse que si esa realidad se utiliza como pretexto para no buscar lo democrático en la elecciones departamentales se cae en un error. Una actitud positiva para resolver esta contradicción la expresan los propios estatutos de la Federación cuando se trata de elegir los comités municipales. En este caso, a pesar de las diferencias que hay entre las distintas veredas, hay una sola circunscripción y se aplica el cociente electoral. Esa actitud sensata también es evidente, si se quiere entender, cuando a nadie se le ha ocurrido proponer que la diferencia de producción a la hora de votar se le aplique a cada cafetero, a pesar de que hay unos que producen millares de arrobas y otros unas pocas.

 

El llamado, entonces, es a no extremar las posiciones de los contradictores llevándolas al absurdo, sino a que se acepte que son mejores los sistemas eleccionarios diseñados para buscar la democracia, que los calculados para negarla o rebajarla. Y a que, con esa lógica, se definan mecanismos que concilien, de la mejor manera, democracia y producción departamental, para que a la Federación de Cafeteros puedan entrar los diferentes puntos de vista que existen sobre los asuntos del café y para que concluya el hecho antinatural de imponer una unanimidad que se sabe no existe. Y esto, no hay duda, es mejor para los intereses de los caficultores caldenses y colombianos que el sistema que padecen.