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LO QUE NO SE HA DICHO DE LO QUE DIJO GAVIRIA

Jorge Enrique Robledo Bogotá, 17 de junio de 2005. Bastante ruido armaron las críticas de César Gaviria Trujillo a Álvaro Uribe Vélez en el Congreso Liberal, las cuales, la verdad sea dicha, no tuvieron mucho de novedoso, salvo porque las emitió quien fuera Presidente, posición que en la democracia semifeudal que se practica en Colombia […]

Hace 4 semanas

Jorge Enrique Robledo

Bogotá, 17 de junio de 2005.

Bastante ruido armaron las críticas de César Gaviria Trujillo a Álvaro Uribe Vélez en el Congreso Liberal, las cuales, la verdad sea dicha, no tuvieron mucho de novedoso, salvo porque las emitió quien fuera Presidente, posición que en la democracia semifeudal que se practica en Colombia otorga poderes vitalicios y hereditarios que se expresan en una larga vigencia en la política y en los medios de comunicación. Gaviria repitió a su manera las conocidas y justas censuras al carácter particularmente politiquero y clientelista de Uribe, a su tono pendenciero, a su manera de negociar con los paramilitares y a su astucia de presentarse como el insustituible. Pero el exsecretario de la OEA –que con sus dardos a Uribe facilitó ser ungido jefe único del liberalismo, cual era su propósito inmediato– en su discurso de 14 páginas habló más de economía, aspecto que ha pasado inadvertido.

 

Gaviria no pudo dejar de reconocer el desastre social del país en los últimos años, pero tuvo el cuidado de no relacionarlo con el modelo económico que él implantó. Por el contrario. Con toda frescura se ufanó de haber promovido, sin usar esas palabras, por supuesto, la apertura y la privatización, y hasta destacó los buenos oficios del senador Uribe Vélez como ponente de la Ley 100, que el propio Gaviria promovió. Y una vez entrado en gastos, concluyó: “Digamos, entonces, en primer lugar, que el Partido Liberal fue el promotor de los principales cambios económicos y sociales de los últimos quince años”. ¿Así de orgulloso se sentirá el pueblo liberal?

 

Gaviria fue tan cuidadoso en reducir a una sola su contradicción principal con Uribe, que tituló el aparte respectivo del discurso como “El problema con el presidente Uribe”, precisión que ya había hecho en El Tiempo en un artículo titulado “Mi discrepancia con Uribe”. Y esa vez y ahora precisó que lo único que no le perdona al Presidente es que no esté gobernando con el Partido Liberal, y menos que quiera seguir mandando sin él. Para que nadie fuera a pensar que censuraba el neoliberalismo uribista, también le dio un tironcito de orejas a Uribe por no entender bien “la gravedad de los desequilibrios macroeconómicos” y por su actitud “cada vez menos responsable” frente a estos, cargos que debieron sonar a música celestial en el FMI.

 

La parte principal de su intervención se la dedicó a dejar sentado que a pesar de que crece la oposición entre el pueblo al modelo económico, este no puede cambiarse y que, antes bien, deben hacerse “más reformas” a favor de la globalización, por lo que “los esfuerzos de los noventa hay que complementarlos, profundizarlos y rectificarlos”. Y si se sabe que es partidario del TLC con Estados Unidos, ¿por qué ese tema ni siquiera lo mencionó? ¿Necesidades de la lucha política?

 

Para que nadie olvidara que estaban en el Congreso Liberal, Gaviria también usó las consabidas palabras mágicas destinadas a embolatar a la galería: “Constitución del 91”, “Consenso de Washington”, “socialdemocracia”, “pobreza”, “solidaridad”, “equidad”, “igualdad” y “reforma agraria”, no resultara que se pusiera en duda su vocación “social”.

 

Rotas quedaron las esperanzas de quienes pensaron que Gaviria no iba quedar al mando o que había dejado de ser quien era. También quedó claro que bajo su jefatura el liberalismo tendrá un candidato distinto a Uribe Vélez, que podría ser él mismo, pero con un programa igual de neoliberal al del Presidente. Puede, así, repetirse la historia, vieja ya en Colombia, clásica en la hegemonía liberal-conservadora, en la que al pueblo lo ponen a votar por personas diferentes pero que defienden un programa casi idéntico, de forma tal que unos pocos ganen con cualquier resultado.

 

Quedó, entonces, como única esperanza del pueblo el triunfo de la izquierda democrática, la cual debe poner como base de su éxito el oponerse a las ideas políticas de Uribe, como es obvio, pero también a sus orientaciones económicas y sociales, aspecto sin el cual vencer carece de sentido. Esperemos también que este sector se una y seleccione cuanto antes un candidato, que ojalá sea Carlos Gaviria Díaz, el único colombiano que hoy por hoy puede derrotar el continuismo neoliberal que tanto sufrimiento les ha generado a tantos colombianos.