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LA NUEVA DESPLUMADA

Jorge Enrique Robledo Castillo Contra la Corriente Manizales, 12 de octubre de 2000. Las concepciones democráticas sobre impuestos dicen que los tributos no deben caer sobre el trabajo sino sobre el capital, gravando con tasas menores a los capitales más pequeños y con tasas superiores a los mayores. También señalan que no deben existir impuestos […]

Hace 6 meses

Jorge Enrique Robledo Castillo

Contra la Corriente

Manizales, 12 de octubre de 2000.

Las concepciones democráticas sobre impuestos dicen que los tributos no deben caer sobre el trabajo sino sobre el capital, gravando con tasas menores a los capitales más pequeños y con tasas superiores a los mayores. También señalan que no deben existir impuestos indirectos —de conocida estirpe feudal—, pues éstos discriminan en contra de los trabajadores y castigan por igual a los que ganan mucho y a los que ganan poco. ¿Cómo justificar que paguen el mismo impuesto por un jabón un obrero y Bill Gates o que tengan igual tasa impositiva los capitales monopolistas y los no monopolistas?

 

Entonces, la última reforma tributaria de la administración Pastrana es evidentemente regresiva. El grueso de las nuevas exacciones, que suman 3.5 billones de pesos, tendrá origen en los gravámenes indirectos: entre el dos por mil y los aumentos del IVA, el incremento del recaudo llegará a 2.3 billones. De otro lado, se aumentará en un billón de pesos la retención en la fuente, que castiga los sueldos y honorarios. Pero su articulado también establece la rebaja del impuesto de renta del 35 al 32 por ciento, con un costo de 213 mil millones de pesos, medida que, según lo prueban los detalles de la norma, tiene como objetivo principal favorecer a los monopolios y particularmente a los extranjeros. E igual sucede, como es obvio, con la propuesta de eliminar por diez años el impuesto de remesas a las utilidades de las transnacionales que se instalen en el país.

 

Pero en el colmo del populismo, el ministro de Hacienda salió a decir que las nuevas medidas son contra “los ricos”, porque les imponen IVA a las ventas de casas y carros usados y a las tarifas de los servicios públicos de los estratos 4, 5 y 6, les aumentan los impuestos a los sueldos de más de un millón y medio de pesos y empiezan a gravar las pensiones de más de dos millones. Y en la reforma también se le abre camino al alza del impuesto de industria y comercio a partir del 2002, la cual será presionada por el recorte de las transferencias municipales. Por obra de la demagogia neoliberal, las capas medias colombianas fueron elevadas al nivel de los magnates del mundo. El truco es obvio: mientras en silencio se favorece a la cúspide del poder económico, a los poseedores de pequeños patrimonios y de sueldos que no son de hambre se les imponen nuevos gravámenes, y a los colombianos más pobres y paupérrimos se les amplía el pago de IVA, aplicándoselo a nuevos productos y haciéndoselo pagar en los que ya lo tenían pero que no cobraban los pequeños negocios, que ahora sí tendrán que hacerlo obligados por la implantación del Régimen de Impuesto Sustitutivo (RIS).

 

Y que tampoco se diga que los nuevos impuestos tienen como propósito principal estimular la economía, porque casi todos ellos terminarán en el barril sin fondo de la amortización de la deuda externa e interna del gobierno nacional, que ya se traga el 40 por ciento del presupuesto del país, y porque golpean la producción al deprimir la capacidad de compra de las gentes. Pero además, en una decisión incalificable, la reforma tributaria se dirige de manera precisa contra la competitividad del agonizante sector agrario colombiano, al imponerle IVA del 15 por ciento a los concentrados para la alimentación animal, a los abonos de todos los tipos, a los insecticidas, fungicidas y herbicidas, a las palas, azadones y machetes, a los costales y a las guadañadoras, ordeñadoras y tractores. Entre tanto, una misión oficial del gobierno norteamericano acaba de estar en Bogotá ofreciendo 20 millones de dólares en créditos para facilitar la importación de más productos del agro de ese país (La República, 28.X.00).

 

En su libro “La crisis del capitalismo global” (p.143), George Soros explica la relación entre impuestos y transnacionales: “el poder del Estado para mantener el bienestar de sus ciudadanos se ha visto gravemente reducido por la capacidad del capital para eludir los impuestos y las onerosas condiciones del empleo, trasladándose a otro lugar… En otras palabras, la carga de los impuestos ha pasado del capital a los ciudadanos”. Afirmación que podría complementarse señalando que de eso se encarga el Fondo Monetario Internacional, según lo confirma el acuerdo firmado con el gobierno de Andrés Pastrana.

 

Lo que resta es saber cuál será el manejo del proyecto en el Congreso, de forma que los neoliberales logren lo dicho por su ponente en el senado: “al ganso hay que saberlo desplumar, para que no chille demasiado”.