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¿HASTA DÓNDE LLEGARÁN?

¿Jorge Enrique Robledo Castillo* Manizales, 31 de enero de 2003. Faltando unos días para entregar el cargo de alcalde, Germán Cardona Gutiérrez, el llamado “zar anticorrupción” de Uribe Vélez, decidió cederle la administración de Aguas de Manizales a Felipe Montes Trujillo, miembro de la Andi de Caldas y representante del Comité Intergremial. De la firma […]

Hace 1 mes

¿Jorge Enrique Robledo Castillo*

Manizales, 31 de enero de 2003.

Faltando unos días para entregar el cargo de alcalde, Germán Cardona Gutiérrez, el llamado “zar anticorrupción” de Uribe Vélez, decidió cederle la administración de Aguas de Manizales a Felipe Montes Trujillo, miembro de la Andi de Caldas y representante del Comité Intergremial. De la firma del contrato fueron testigos el Vicepresidente Francisco Santos y el recién electo alcalde de la ciudad, Néstor Eugenio Ramírez, quien nunca mencionó el tema durante su campaña electoral. El rechazo a este esperpento, que incluso ofende a quienes dirigían la empresa y a quienes supuestamente la dirigirían, es fácil de comprender.

 

La principal decisión neoliberal del alcalde Cardona Gutiérrez había sido la privatización de Emas, la empresa de aseo de Manizales que fue privatizada a menosprecio y que hoy controla el inversionista extranjero que les adquirió sus acciones a los primeros compradores, con fuertes utilidades para estos. Pero el caso de Aguas podría convertirse en un nuevo modelo de privatización en el que los agraciados apenas aportan y arriesgan, y no es una exageración, sus cédulas de ciudadanía, además de que les pagan por sus gestiones.

 

De otro lado, este negocio tiene unos antecedentes y un norte que tampoco puede compartirse. El primer paso fue contratar –con una tarifa de trescientos mil pesos la hora y por un monto total de más de 31 millones de pesos (!)– a Jorge Gabriel Taboada Hoyos para que le creara a Aguas de Manizales un código de “buen gobierno”, labor que consistió en la transcripción casi literal de lo que este mismo abogado había redactado como la Resolución 0275 de 2001, cuando era Superintendente de Valores. Y según este contrato y dicha resolución, el principal objetivo del llamado código de “buen gobierno” es generar condiciones para venderles a los particulares acciones de la empresa a través de la bolsa de valores.

 

Entre los muchos que hemos rechazado el contrato por inconveniente, y porque hasta podría tener graves ilegalidades, están trece diputados de la asamblea de Caldas y la totalidad del concejo de Manizales, corporación a la que ni siquiera le contaron lo que se venía, pues el proceso se desarrolló con el sigilo propio de lo privado. Claro que entre quienes defienden lo acordado algunos aducen que el Comité Intergremial es el legítimo representante de los manizaleños, lo que tiene el grave inconveniente para ellos de emparentarlos ideológicamente con el corporativismo, la concepción del Estado que impusieron varios de los regímenes que avergonzaron a la humanidad en el siglo XX. ¿Habrá algún límite que la ingenuidad o el neoliberalismo no se atrevan a franquear?

 

A estas alturas de la controversia, cuando ya es indiscutible que el alcalde puede cancelar el contrato con Montes Trujillo sin que le cueste ni un peso al municipio, el burgomaestre ha dicho que está a la espera de que la Superintendencia de Servicios Públicos decida el futuro del asunto, dependiendo de la legalidad de lo firmado. Pero esa es otra salida en falso porque más que la ilegalidad lo que se cuestiona es la conveniencia, porque no le corresponde a esa entidad conceptuar sobre lo legal del acto y porque debiera declararse impedida luego del hecho bochornoso de haber respaldado el contrato incluso antes de que alguien le pidiera su opinión.

 

Lo que esperamos los manizaleños es que el alcalde se comprometa a no adelantar ningún tipo de privatización de Aguas de Manizales y que, para empezar, deshaga el contrato con el Comité Integremial. Ello implicaría, por supuesto, que él y la coalición política que lo eligió asuman la responsabilidad que les corresponde y designen para administrar la empresa a gentes probas y capaces, las cuales dijeron tener en abundancia durante la campaña electoral.

 

Coletilla: mientras dure la hospitalidad del Director –y luego de que el Consejo de Estado conceptuara que los congresistas sí podemos tener columnas de opinión, duda que había sembrado el maniqueísmo del “cartel de la moral”– retomo mi labor de opinar cada 15 días sobre asuntos que espero les interesen a los lectores.

 

*Senador de la República.

 

Nota: Este artículo se redactó antes de conocerse la decisión del alcalde de echar hacia atrás la privatización de Aguas de Manizales.