Generic placeholder image
Generic placeholder image

EL PROPÓSITO ÚLTIMO DEL REFERENDO

Jorge Enrique Robledo Castillo Manizales, 10 de octubre de 2003. Nadie puede negar que si el referendo tiene éxito profundizará el empobrecimiento nacional. A quienes les congelen los sueldos y las pensiones los empobrecerán de manera directa y al resto de los colombianos de carambola. Porque es obvio que si los asalariados del Estado y […]

Hace 6 meses

Jorge Enrique Robledo Castillo

Manizales, 10 de octubre de 2003.

Nadie puede negar que si el referendo tiene éxito profundizará el empobrecimiento nacional. A quienes les congelen los sueldos y las pensiones los empobrecerán de manera directa y al resto de los colombianos de carambola. Porque es obvio que si los asalariados del Estado y todos los pensionados ganan menos, pues también comprarán menos, lo que significa que el agro, la industria, el transporte y el comercio reducirán sus ventas y, en consecuencia, disminuirán sus empleos y salarios. Y esto quiere imponerlo el uribismo en el mismo momento en que la caída del consumo está hundiendo el recaudo por IVA, lo que agrava los ya dramáticos problemas fiscales del país, y en que Portafolio del 9 de octubre de 2003 editorializó diciendo que “el principal cuello de botella de la economía colombiana continúa siendo la debilidad de la demanda”.

 

Pero la pregunta clave que hay que hacerse es ¿por qué Álvaro Uribe Vélez, quien tiene entre el bolsillo al 80 por ciento o más de los congresistas, no aprobó el contenido del referendo mediante un Acto Legislativo, con lo que ese texto sería norma constitucional desde julio pasado, se hubiera evitado dilapidar los 100 mil millones de pesos que se botarán en papel el próximo 25 de octubre y el Presidente no estaría ante el riesgo de una derrota política de grandes proporciones? ¿Por qué en vez de recorrer el camino fácil se empeñó en el difícil?

 

La primera explicación tiene que ver con la oferta populista que hizo Uribe cuando todavía Serpa, su actual representante ante la OEA, le ganaba las encuestas, por lo que decidió decir cualquier cosa que le significara acrecentar sus adherentes. Mas la razón de fondo tiene que ver con que si gana el referendo se fortalecerá políticamente, lo que le alargará el lapso en el que podrá seguir imponiéndole al país lo que se le antoje, tal y como ha ocurrido hasta ahora. Y luego de padecerlo por catorce meses, ya se sabe que no se le pasa por la cabeza contradecir en nada “la cartilla” del Fondo Monetario Internacional, como el mismo llamó a sus imposiciones el día en que ganó la presidencia.

 

Entre las muchas políticas negativas que tiene en lista el Presidente a la espera de la mejor ocasión para aplicarlas, la peor es el Alca o un acuerdo bilateral con Estados Unidos, cuyas “negociaciones” se desarrollan en un ambiente tal que Portafolio tituló en su primera página: “¿Se arrodilla Colombia?”, al comentar la vergonzosa decisión de retirar, por presiones estadounidenses, al país del G-21, el grupo de naciones que rechazó las arbitrarias propuestas de Estados Unidos y Europa en relación con el “libre comercio” de productos agropecuarios.

 

Si no fueran suficientes las anteriores razones para abstenerse de votar un referendo que además no contiene nada contra “la politiquería y la corrupción”, así tantos politiqueros digan lo contrario, sí debe colmar la copa de la sensibilidad democrática de los colombianos el evidente abuso del poder del que vienen haciendo gala Uribe y sus ministros, el cual se expresa de manera escandalosa en esa especie de omnipresencia de la que hacen alarde en los medios masivos de comunicación. ¿Qué tiene que ver con un certamen supuestamente democrático lo que ocurre en la radio y la televisión? ¿Con esas mismas garantías para sus adversarios adelantará la campaña de la reelección presidencial que ya tramitan sus amigos en el Congreso? El que todavía no comprenda por qué se califica este referendo como un acto bonapartista, es decir, como una astucia en la que en nombre de la democracia se atropellan los más elementales principios democráticos, que medite bien sobre el calibre de la manipulación en marcha.

 

Hace unos días, en Cambio, Mauricio Vargas, ex ministro de César Gaviria, señaló que Álvaro Uribe a veces hace gala de una “habilidad de culebrero”, juicio perspicaz que la da una buena explicación a la trayectoria política de quien fuera el jefe del samperismo en Antioquia y hoy se presenta como el adalid de la lucha por las buenas costumbres políticas y el encargado de sacar al país de la encrucijada en que se encuentra.

 

Se sabe que el éxito de los culebreros no reside en que sus menjurjes curen, hecho que hasta ellos dan por descartado cuando se sinceran, sino en que su cantinela posea los suficientes ganchos para lograr atraer y convencer a los incautos. Es por ello que estos personajes, al igual que los brujos y rezanderos que también ofrecen curarlo todo, no gastan sus esfuerzos en lograr que su pociones efectivamente le ofrezcan alivio al enfermo, sino en afinar sus artes de encantar, de encontrar la frase, el gesto, la mirada, el tono de voz, el vestido, lo que sea, que lleve al inocente a confiar en el que lo despluma, estimulado, y esto es importante para el éxito del timo, en que ya se encuentra desesperado porque el agravamiento de sus dolencias.