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Esto es en serio ¡No todo vale!

Discurso en el acto de cierre de Jorge Enrique Robledo, Precandidato presidencial por la la Coalición Centro Esperanza. Centro Comercial Carrera, Bogotá, 6 de marzo de 2022

Hace 4 meses

Compañeras y compañeros. Un saludo muy especial a Juan Manuel Ospina, a Alba Luz Pinilla y a Gustavo Triana, los tres principales dirigentes de Dignidad. Saludar a cada uno de los candidatos y las candidatas al Senado y a la Cámara en las listas de la Coalición Centro Esperanza en representación de Dignidad. Un saludo a quienes están aquí y a quienes no pudieron acompañarnos esta tarde. Y un saludo súper recontra especial a los voluntarios de Dignidad, encabezados por ustedes.

 

Decirles que a estas alturas de la campaña, después de haber recorrido todo el país, después de haber conocido las otras campañas electorales que se están desarrollando por parte de distintas fuerzas, tengo el orgullo, tengo el honor de decir que los voluntarios de Dignidad son los mejores de toda Colombia. Por su nivel de comprensión de los fenómenos de la economía y la política y las relaciones sociales de Colombia, por su capacidad para explicar, para educar, para persuadir y, al mismo tiempo, porque son voluntarios de verdad, de verdad en el sentido que hacen política con la visión del servidor público, de poner su vida y sus esfuerzos al servicio del progreso de nuestra querida Colombia. Eso los hace a ustedes, a todos ustedes, compañeras y compañeros, los mejores voluntarios que hay en esta contienda electoral, los más esforzados, los más dedicados y con quienes, con su trabajo, vamos a ganar la Presidencia de la República.

 

Y esta realidad sí que está siendo valiosa en estas últimas semanas de la campaña electoral. Porque en esta campaña está sucediendo en Colombia una cosa que nunca había sucedido, ni en sus peores momentos de la descomposición, y es ver candidatos muy mentados, respaldados por no pocos opinadores, por no pocos medios de comunicación, levantando la tesis profundamente retardataria y muy equivocada que dice que dizque todo vale en política. Nosotros no somos de los del “todo vale”, “todo vale” que además están justificando después de que estaban acobardados y no se atrevían a defenderlo en público por diez años.- Y lo están justificando con la tesis falaz también y tremendamente destructiva de que es que todos los políticos somos iguales. Y somos iguales de malos, no de buenos. Teoría, repito, tremendamente destructiva.

 

Primero, porque no es cierta. Y segundo, porque termina justificando todas las formas vitandas de hacer política, empezando por la politiquería y el clientelismo, yendo a la corrupción y a la propia tarea de robarse las elecciones, como ocurre sistemáticamente en Colombia.

 

¡No todo vale, no todo vale, no todo vale, no todo vale, no todo vale, no todo vale!

 

Voy a hablar un poco de mi vida y de la vida de con quienes hemos construido todo este proceso a lo largo de muchos años para demostrar que no es cierto que todos los políticos somos iguales. Empiezo por contarles que yo llegué de joven, de la provincia colombiana, como tantos otros a estudiar a Bogotá, me mandaron desde mi casa a estudiar a Bogotá con tres o cuatro ideas que nos son comunes a todos los que hemos hecho ese esfuerzo. Prepárese bien, fórmense bien, cásese bien, me dijeron, y bien formado puede salir a la vida, ojalá, a conseguir recursos suficientes o bastante plata para que le vaya bien en su vida adulta.

 

Lo único que me habían explicado en política en mi casa fue una teoría que después descubrí que no era cierta, pero bueno, me la inculcaron de muchacho. “La gente decente no se mete en política”, me dijeron en esos días porque ya en ese entonces la política en Colombia era profundamente corrupta. Qué se equivocaron, pues claro que se equivocaron. Pero les cuento las experiencias que no viví, porque nosotros aquí somos gente buena que hace política de manera correcta, como hay otros muchos en Colombia que también la hacen así.

 

Llegué entonces bastante despistado en asuntos de la política a Bogotá, pero tuve la suerte inmensa de llegar a Bogotá en los mismos años en que las jornadas de mayo en Francia sacudían a ese país y casi tumbar al presidente de la República, los jóvenes estudiantes norteamericanos se movilizaban contra la guerra imperialista de los Estados Unidos contra el pueblo de Vietnam y contra los pueblos de Indochina.

 

En Colombia estalló el movimiento estudiantil de 1970 y 1971, hasta ese momento el movimiento estudiantil más grande de la historia de Colombia. Y yo, en medio de mis inquietudes, afortunadamente, di una especie de salto cualitativo en lo que tiene que ver con los problemas de la vida nacional y terminé involucrado en ese movimiento, que fue un movimiento maravilloso por muchas cosas, porque era honrado, genuino, haciendo esfuerzos por transformar democráticamente a Colombia. Al mismo tiempo fue un movimiento de gran estudio, de gran dedicación, haciendo esfuerzos por aclarar qué era lo que pasaba en Colombia, que ya era un país de las desgracias y de cosas que no funcionaban.

 

Y participamos activamente en un debate que todavía está vivo en Colombia. Colombia era en ese momento un país en vías de desarrollo, como nos decían desde el extranjero y como decían quienes aquí mandaban, o Colombia era, como lo terminamos defendiendo en ese movimiento, un país preso del subdesarrollo. Gran debate, porque no es lo mismo un país en proceso de desarrollarse, de resolver sus problemas fundamentales, que un país preso del atraso y del subdesarrollo. Ese fue el gran debate de ese momento.

 

Afortunadamente, comprendí que la razón estaba del lado de la segunda tesis y tomé la decisión de vincularme organizadamente a la lucha política a partir de una organización, con el criterio de que Colombia estaba presa del subdesarrollo y que si no había modificaciones de fondo no íbamos a poder resolver los problemas nacionales, que ya en esos días eran supremamente graves.

 

Y en esa misma formación también nos hicimos militantes de la causa que en política no todo vale, que en política hay que hacer esfuerzos por ganar, pero hay que hacer esfuerzos también por actuar correctamente, por tener una vida ejemplar, por estar dispuesto a sacrificar intereses personales en beneficio de los intereses colectivos, por ser un ciudadano que principalmente hace política con el criterio del servidor público. En conclusión, en esos cinco años en Bogotá me formé bien. Tan bien me formé, pienso yo, que todavía estoy en estas luchas que juré desarrollar, el año pasado hizo 50 años. Y me casé bien, es cierto, me ha ido muy bien, pero no conseguí plata y, en ese sentido, fracasé.

 

En desarrollo de esas luchas terminé recién casado, con Carmen, y sin un peso entre el bolsillo, llegando a Manizales a dedicarme a cumplir el compromiso político de luchar por la transformación de Colombia. Y allí tuve la suerte de vincularme como profesor de tiempo completo en la Universidad Nacional a lo largo de 26 años. Trabajo que cumplir con honradez y con dedicación, haciendo esfuerzos por hacer las cosas de la mejor manera que las podía hacer.

 

Trabajo que siempre acompañé, como fue mi compromiso de vida hace 50 años, con la lucha social y con la lucha política por transformar a Colombia. De una parte luchando en la defensa de la universidad pública, en los reclamos de los profesores, pero también en los reclamos de los estudiantes. Quienes convivieron conmigo en esos 26 años saben que no hubo lucha, no hubo movilización social que el profesor Jorge Enrique Robledo no acompañará de frente y con toda dedicación.

 

Recuerdo, y esta es una de las cosas que me enorgullece, que los profesores nos levantamos contra la Ley 100 de salud de César Gaviria y Álvaro Uribe. Tan grande y fuerte fue esa movilización que hoy todavía la Ley 100 en salud no se aplica a los profesores ni a los trabajadores de la Universidad Nacional de Colombia, porque logramos, con nuestra lucha, ganar una excepción en la aplicación de esa ley.

 

Acompañé también todo tipo de movilizaciones y de reclamos de los profesores y las profesoras de la educación básica y media. Lo saben los sindicalistas de Educal con quienes compartí en no pocas movilizaciones. Lo saben los trabajadores informales de la ciudad de Manizales, a quienes siempre les defendimos su derecho a trabajar en el espacio público, al mismo tiempo en que como arquitecto defendía la importancia de cuidar hasta donde era posible ese espacio. Los demás trabajadores de todos los sectores también saben que Jorge Enrique Robledo estuvo ahí con ellos con ellos defendiendo sus intereses.

 

Y particularmente fue importante en mi vida el haber terminado siendo uno de los dirigentes de la Unidad Cafetera Nacional, organización de caficultores, de campesinos, obreros, agrícolas, indígenas y empresarios, que libró a lo largo de la década de 1990 varias de las movilizaciones agrarias más grandes de la historia de Colombia, hasta el punto de que logramos algo que no tenían precedentes en ese momento y probablemente ahora tampoco lo tenga. Logramos la condonación total de 100 mil deudas cafeteras y la condonación parcial de otro tanto. En buena medida, la estructura cafetera colombiana de hoy tiene mucho que ver con que con esas luchas –que fueron amplias y vigorosas, pero pacíficas y civilizadas, sin incitar a la violencia, sin generar daño en la propiedad pública y privada– llevaran a que esas familias preservaran sus tierras, que de otra manera hubieran perdido con los bancos. Y resalto que en esta lucha participó activamente la Iglesia Católica, encabezada por monseñor José Luis Serna, el obispo de la diócesis del Líbano Honda, y participaron también de manera muy decidida y ejemplar, los empresarios cafeteros de Colombia, que se unieron con los pobres del campo en defensa del derecho a trabajar y el derecho a existir de la caficultura colombiana.

 

La otra gran batalla que libramos en esos días, demostrando que no todos los políticos son iguales, fue haber participado muy activamente en el debate de la apertura económica de César Gaviria. Esa propuesta tiene origen en un hecho que en ese momento era cierto, ya era notorio que la economía colombiana era un fracaso, que la economía colombiana no conducía al desarrollo, sino que nos mantenía presos del subdesarrollo. Y César Gaviria, aupado por el Banco Mundial, aprovechó la crisis para la astucia de la apertura económica, es decir, para en vez de dar un salto hacia adelante y un “bienvenidos al futuro” como lo anunció, lo que hicimos fue dar un salto hacia atrás y llevarnos más bien hacia el pasado.

 

Y en esa lucha, nosotros, por qué hablo de nosotros, porque hemos siempre hemos sido un conjunto de personas, libramos, particularmente yo, una vigorosa batalla, todavía a estas horas, de 30 años demostrándole a la nación colombiana, demostrándole al pueblo colombiano que con estos mandarines en la jefatura del Estado no hay ni podrá haber solución a los inmensos problemas nacionales, porque sus concepciones económicas, políticas y sociales no nos conducen al desarrollo, no nos conducen a parecernos a los países más avanzados del mundo, sino que nos conducen a mantenernos presos del subdesarrollo.

 

Treinta años después, incluidos en estos 30 años los tratados de libre comercio a los que me opuse como senador de la República, la vida ha dado un veredicto sobre quién tenía la razón, si ellos, los mismos con las mismas, o si nosotros, que nos hemos levantado desde siempre contra esas políticas retardatarias que, repito, nos mantienen presos del subdesarrollo, de la pobreza, etcétera, etcétera. Y ahí están, las realidades, las dolorosas realidades que padecemos.

 

Y levantamos también nuestra voz de protesta y de reclamo contra las privatizaciones, políticas que en su momento, inclusive, sectores que se decían de oposición defendieron, confundidos cómo lograron ponerlos en ese momento. Y la vida nos dio la razón también. Las privatizaciones no fueron un salto adelante en la vida del país. Significaron fue incrementos de las tarifas de los servicios públicos, peores condiciones laborales, concentración extrema de la riqueza, aumento de la desigualdad social, es decir, toda una serie de lacras que hoy todavía martirizan a Colombia.

 

No estábamos entonces locos, como nos dijeron. Me acuerdo que en esos días nos decían, el profesor Robledo está loco, porque yo recorrí a Colombia como profesor hablando de este tema y escribiendo libros y artículos. No, no estábamos locos, compañeros y compañeras, tuvimos en esos días la razón, como tenemos hoy la razón en las propuestas que le estamos haciendo a Nación colombiana.

 

En razón de esas luchas cafeteras y de otras más que libramos con otra organización –que construimos con el mismo signo que el de la Unidad Cafetera–, la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, con arroceros, paperos, cacaoteros, ganaderos, con todos ellos, libramos otro conjunto de luchas muy importantes antes del 2002, antes de que yo llegara al Senado porque hicieron que ese sector principalmente y otros muchos de la vida del país votaran por mí y me eligieran como senador de la República de Colombia en el año 2002.

 

Y otra vez la prueba ácida. Mis detractores en Manizales, que los tenía de cabecera porque, claro, se les saltaba la piedra que nosotros tuviéramos la razón y ganáramos las luchas que ganamos, entonces propalaron estas frases, “Robledo ya coronó de senador, se le va a acabar la jodedera, no va a volver a alegar ni hablar de nada, porque hablar con la boca llena es un signo de mala educación, va a traicionar sus convicciones, va a cambiar de amigos”. Esa fue la sentencia que me hicieron en los primeros años de mi llegada al Senado.

 

Y ahora entonces les pregunto a ustedes, luego de veinte años de haber sido elegido cinco veces con varias de las mejores votaciones de la historia del país, la pregunta que les hago a ustedes, compañeros y compañeras, voluntarios de dignidad, ¿es cierto eso? ¿Cambié de amigos? ¿Traicioné? ¿Cambié de bando? Entonces que no nos vengan con la baratija reaccionaria del “todo vale” en política, con la baratija reaccionaria de que todos los políticos somos iguales de malos.

 

Y llegué al Senado y hubiera podido asumir como norma de conducta hacerme el pendejo e ir navegando por ahí, aprovechando los privilegios de esa institución. Pues bien, si algo me enorgullece ahora, porque creo que le hemos dado, digo, porque somos muchos los que estamos identificados en esto, le hemos dado ejemplo a Colombia de qué es lo que debe hacer un congresista en este país, sí es cierto que se esfuerza por representar los intereses populares más.

 

Se dice, mintiendo los del Centro Democrático, que yo no he presentado nunca un proyecto de ley. Les digo a mentirosos y engañados que eso es falso. He presentado decenas de proyectos de ley como lo han certificado instituciones que certifican eso de oficio. Pero si también tengo que decirles una cosa que comentábamos con Carlos Gaviria, mi gran amigo, en el Polo Democrático Alternativo, lo decíamos con buen humor, porque Carlos Gaviria también tenía un excelente humor.

 

Cuál es la historia de los proyectos de ley en el Senado y en la Cámara de Representantes. Si usted, y esto lo saben los congresistas que ya han vivido la experiencia y lo van a saber los que vamos a elegir, presenta en el Senado un buen proyecto de ley, se lo hunden en cinco minutos y si presenta un pésimo proyecto de ley se lo aprueban en cinco minutos. Porque quienes mandan allí son las mayorías reaccionarias que hacen política con el “todo vale” y que incluso se roban las elecciones. Como descaradamente sucede en Colombia.

 

El segundo aspecto de mi labor como senador fueron los debates de control político. Soy el senador que más debates de control político ha hecho en la historia de Colombia, incluidos ahí muchísimos anticorrupción contra los grandes corruptos de cuello blanco que tanto daño le han hecho a Colombia. Debates de control político que tuvieron efectos de importancia en su momento, por supuesto que sí, y que le mandaron un mensaje al país de cómo funciona de mal nuestra querida Colombia.

 

Estoy convencido que si hoy hay más gente que entiende lo que pasa en este país, tiene que ver con la labor, no solo mía, sino de otros congresistas que prendimos una luz en medio de la oscuridad y que le mandamos el mensaje a Colombia de cómo era que se gobernaba de mal a este país y de cómo era de urgente introducir las transformaciones que todavía no hemos logrado introducir.

 

Al mismo tiempo libre una batalla durísima contra los tratados de libre comercio, particularmente el de Estados Unidos, que desenmascaró por completo el carácter reaccionario de esas políticas. Y para los que dicen que no vale la pena luchar porque no se logran cosas, saben qué logramos con estas movilizaciones. Logramos aplazar en cinco años la entrada en vigencia de ese tratado. Saben cuánta menos destrucción ha habido en Colombia por la vía de haber podido aplazar ese proyecto ultra reaccionario sobre Colombia a lo largo de cinco años. Ahí estamos hablando de sumas realmente astronómicas. La leche debe empezar a desaparecer en Colombia a partir de 2026 por causa de ese TLC. Si no hubiera habido esa lucha que nosotros hicimos, su desaparecimiento se hubiera empezado a producir desde 2021. Al arroz lo tienen sentenciado a muerte por tarde a partir del 2030, sin esa lucha nuestra estaría sentenciado a muerte a partir del 2025. Luego no nos digan los avivatos, los reaccionarios, los enemigos del progreso de Colombia y los despistados, no nos digan que luchar no sirve.

 

Y en tercer término, también cumplimos con seriedad al haber puesto esas curules al servicio de los reclamos democráticos de la ciudadanía. No ha habido lucha democrática en estos últimos 20 años en Colombia, de asalariados, campesinos, indígenas, empresarios, que no hayamos acompañado aprovechando la investidura de congresistas colombianos. Este es un problema de principios, les digo a los compañeros y compañeras que vamos a elegir como congresistas de Dignidad y de la Coalición Centro Esperanza.

 

Y aquí quiero resaltar un aspecto que resulta clave y sobre el cual puede haber una cierta confusión. Confusión que tiene que ver con que hay temas que pueden tener una cierta complejidad y particularmente puede tener que ver con que hay un poco de avivatos, de oportunistas, que se presentan como muy progresistas y democráticos y que han montado una especie de campaña contra esto que les voy a comentar. Y es que en estos años y toda mi vida, desde hace 50 años, he defendido el desarrollo de la economía empresarial en Colombia. Y eso nos lo quieren presentar como que entonces somos enemigos de los trabajadores, primitivismo político nadie que en Colombia o en cualquier parte del mundo haga análisis serios, de avanzada sobre el desarrollo de las relaciones económicas y sociales, puede estar en contra de la economía empresarial. Esto está claro desde la Revolución Industrial, desde los orígenes de la economía de mercado. Es imposible que el pueblo progrese, que las gentes del común, que las mayorías nacionales de un país progresen si no hay desarrollo de la economía empresarial, de aumentar la productividad del trabajo. Y sin embargo, con esto hacen demagogia y manipulan a la gente.

 

Y la explicación es relativamente sencilla: la economía empresarial la única que es capaz de mejorar las condiciones de los pobres de todas las partes del mundo, de las gentes sencillas, porque lo que tienen que escoger las mayorías laboriosas en Colombia y en cualquier parte, inclusive en los regímenes de economía centralizada, es si laboran como asalariados de empresas que funcionen bien y les puedan garantizar las mejores condiciones laborales, salariales, prestacionales, de pensiones, de vacaciones y de todo. O si se condenan a la economía del rebusque, a la informalidad. Esa es la verdadera alternativa que les presenta la sociedad.

 

Entonces, cuando defendemos la economía empresarial, estamos defendiendo las mejores condiciones de vida de los trabajadores y de las trabajadoras colombianas. No es de otra manera y en eso no nos dejemos confundir. La diferencia entre los países desarrollados del mundo, a donde cinco millones de colombianos han tenido que irse porque no consiguen trabajo con nosotros, con Colombia, es que esos son países con economías de base empresarial bastante más amplias y exitosas que las que tenemos aquí, donde una prueba del fracaso, del poco éxito, del ningún éxito del desarrollo de la economía empresarial, porque el país ha sido mal dirigido, tiene que ver con el inmenso desempleo del país, la inmensa pobreza del país, muchísimo más grande que las de los países desarrollados, y que ilustra este aspecto que estoy desarrollando y sobre el que me estoy deteniendo.

 

Agrego además que en el Congreso, en el Senado, como asumí mis tareas con seriedad, con dedicación, las muchas leyes que tramitamos y cada ley, si uno la asume en serio, es como hacer un cursillo sobre el tema que le ocupe a uno en ese momento, mis debates de control político se convirtieron también en verdaderos cursillos, con el equipo de asistentes que he tenido muy bueno desde siempre, hizo que mi participación en el Senado fuera una especie como de sucesivos doctorados, sucesivas especializaciones, conociendo cada vez mejor a Colombia, situación que ahora me permite, yo creo que mejor que a nadie, hacer las propuestas precisas que necesita desarrollarse desde la Presidencia de la República.

 

Es difícil, compañeras y compañeros, es difícil encontrar algún tema que en estos 20 años de actividad en el Senado y en los 30 años anteriores de luchas políticas, Jorge Enrique Robledo no haya estudiado con seriedad y con dedicación. Cosa que me asegura que no me engañan, que no nos cogen en las trampas que diseñan en contra del progreso de Colombia.

 

Hace un año, cuando una parte bien numerosa decidimos retirarnos del Polo, nadie daba un peso por el proyecto que decidimos constituir. Es más, amigos míos me dijeron, Jorge Enrique, no haga eso que es un salto al vacío y eso va a terminar mal. Les dijimos, si uno no se siente cómodo, si no cree que el proyecto político en el que está le sirve de verdad, como uno cree que le debe servir a Colombia, lo único honrado es tomar una decisión, así sea una decisión de alto riesgo, como fue la que tomamos.

 

Y nos retiramos de allí por distintas razones. Pero quiero enfatizar a una que para mí es decisiva, y es que ese proyecto, aun cuando en las normativas estaba bien concebido, lo cierto es que en la práctica se empezó a alejar de lo que nosotros entendíamos que era la base con la cual lo habíamos construido. Ese fue un proyecto que se fue ensimismando, como autoconteniéndose. Y resulta que cuando lo creamos con Carlos Gaviria nos lo imaginamos siempre fue como un proyecto de un amplísimo ancho de banda, digámoslo así, en el que cupiera casi toda la nación colombiana, porque fuéramos capaces de representar los intereses de los distintos sectores de la sociedad colombiana.

 

Y entonces constituimos Dignidad. Y con todo propósito nombramos al mejor colombiano que podíamos encontrar en ese momento para presidir esta organización, Juan Manuel Ospina, un académico de altísimo nivel, un demócrata, un patriota, pero además, una persona que por su origen en el Partido Conservador enviaba de manera clarísima el mensaje que queríamos enviar de que esta es una organización de puertas abiertas, que es una organización que se construye fundamentalmente sobre las coincidencias en el presente y en el futuro, aun cuando podamos tener orígenes diferentes. Esto es súper clave. Quien no una Colombia no es capaz de sacarla del subdesarrollo, no es capaz de vencer los inmensos obstáculos que hay que defender si queremos hacer de Colombia un país con una economía próspera y con unas relaciones sociales distintas, por mejores a las que tenemos.

 

Y también hace un año nos dimos a la tarea de construir el proyecto que hoy llamamos Coalición Centro Esperanza y tampoco daban nada por eso, se burlaban de nosotros quienes habían hecho la pesadilla, que llamo, de la segunda vuelta de las elecciones del 2018, se dedicaron, cada uno a su manera, a sabotear este proyecto, porque, claro, les generaba la incomodidad de que apareciera una tercera fuerza capaz de convertirse en la alternativa real para los cambios que necesita Colombia.

 

Y aun cuando suene paradójico, lo cierto es que se unieron los unos y los otros en contra de nosotros. Se burlaron incluso del proyecto que estábamos construyendo. No pocos medios de comunicación se unieron a esa cruzada. Y si crecíamos mucho en el número de candidatos, entonces nos criticaban que dizque porque éramos muchos. Y si se reducía el número de candidatos, entonces nos criticaban porque se había reducido el número de candidatos. Y si alguien se fue de este proyecto y nos critica, lo siguen amplificando como si estuviera dentro del proyecto.

 

Aquí hay que abrir el ojo y los oídos y entender lo que sucede. Digámoslo con franqueza, los medios de comunicación ni en Colombia ni en ninguna parte del mundo son neutrales. Tienen sus candidatos, tienen sus puntos de vista. Luego hay que escucharlos y leerlos con toda la actitud de entender cuáles son las cosas que se están moviendo. Es parte de la pedagogía que tenemos que hacer.

 

Y ahí está el proyecto, vivo y coleando, con controversias, sí. Sabemos de las controversias que hay, que no han sido menores, pero el proyecto está ahí y el próximo domingo vamos a escoger el candidato de ese proyecto a la Presidencia de la República, que bien puede ser Jorge Enrique Robledo.

 

Y con esa candidatura de la coalición Centro Esperanza vamos a competir duro en la elección de mayo. Y estoy convencido que vamos a pasar a la segunda vuelta de las elecciones de junio. Y repito, con esa candidatura ganar la Presidencia de la República.

 

Y cuando consideramos que esta candidatura mía es la mejor candidatura que pueda presentarse para las próximas elecciones, no es un embeleco, porque lo que he venido demostrando aquí es que tenemos la mejor comprensión de la causa fundamental de los problemas principales de Colombia. No hay solución a ningún mal que no empiece por el diagnóstico, por hacer un diagnóstico acertado. Suelo decir que si uno va donde el médico con gripa y cáncer y el médico solo le ve la gripa, está muerto el caballero. Y ese es el gran debate que tenemos aquí. El debate empieza no sólo en el qué hacer, sino en qué ha sucedido y qué hay que corregir. Y por eso me detuve en estos asuntos. Y entonces nosotros tenemos en lo que tiene que ver con el diagnóstico la mejor de las posiciones que puedan esgrimirse en esta campaña electoral.

 

Quién me puede negar lo que venimos anunciando desde hace décadas, que nos han conducido al desempleo, a la pobreza al hambre, se llenó Colombia de gente con hambre y no por la pandemia. La pandemia lo único que hizo fue agravar el proceso, porque la pandemia lo que hizo fue golpear una economía enclenque, llena de desempleados y de pobres.

 

Tuvimos la razón también en que iban a destruir el agro y la industria. Y un país que no tiene agro y no tiene industria no puede resolver sus problemas. Falta a la verdad, quien haga esa afirmación. Demostramos cómo las privatizaciones no habían sido un instrumento realmente de progreso, sino de abusar del poder en contra del progreso de Colombia. Señalamos todo el problema de la inmensa desigualdad social, uno de los países más desiguales, socialmente hablando, de América Latina y del mundo.

 

Particularmente me detuve a explicar el tema de la corrupción. Corrupción que no solo consiste en que se roban la plata, incluida la plata de los niños pobres de Colombia, de la comida de los niños pobres de Colombia. Estamos en manos de unos desalmados que no aman a su país, que no les duele la tragedia del prójimo. Pues bien, en eso hice un esfuerzo bien grande y demostré que primero se roban la plata del presupuesto nacional y municipal y departamental y con una parte grande de esa plata después se roban las elecciones destruyendo de verdad la democracia. Porque la democracia consiste en términos muy simples en que el que gobierna mal en la próxima elección los ciudadanos no lo reeligen.

 

Pero en Colombia se inventaron la manera de robarse las elecciones, entonces los peores pueden ganar y ganar y ganar. Y si no gana el peor, gana la señora o el hijo, o el sobrino o el primo de ese mal ciudadano. Combos medievales, combos medievales como en los días de la sangre azul, solo que en esos días se escogían por sangre azul, y ahora se eligen por pillos, por avivatos, por inescrupulosos. Cosa que repito, destruye la democracia nacional y les permite, ojo con esto, gobernar contra el progreso de Colombia y aun así lograr que las gentes sencillas y las clases medias voten por ellos. Y esa es la peor tragedia que puede tener un país, porque le cierran la posibilidad del cambio.

 

También demostramos que era mentira que Duque, y los duques que en Colombia han sido, hayan gobernado este país que dizque en beneficio de la economía empresarial, falso, es una de las grandes mentiras, que la repiten como loros todos los días cada vez que les arriman un micrófono. Es falso que quien gobierna un país y genera estas tasas de desempleo descomunales pueda ser amigo de la economía empresarial, porque si la economía empresarial funcionara bien, no habría tanto desempleo y tanta pobreza y tanta hambre como la que hay en Colombia.

 

Y porque tenemos además, como otro argumento, la propuesta correcta, la propuesta que necesita el país para salir adelante.

 

Primer punto de la propuesta que les estoy haciendo a los colombianos: ¡duro contra la corrupción! Que tiemblen los corruptos en el gobierno de Jorge Enrique Robledo. No solo se va a acabar la corrupción en la jefatura del Estado, sino que se va a acabar la alcahuetería con la que en este país que administra la cosa pública, empezando por la propia Fiscalía General de la Nación, que se supone tiene como primer deber perseguir a los corruptos.

 

Sí a más empleo y más riqueza, más fuentes de empleo y riqueza, más fuentes de empleo y riqueza, más fuentes de empleo y riqueza y más fuentes de empleo y riqueza. Sin eso es imposible empezar a resolverles los problemas a los trabajadores colombianos.

 

No más nuevos TLC. No habrá un nuevo TLC en mi gobierno bajo ninguna consideración. Ahí está ese Presidente, con la vocación de alfombra que lo caracteriza, tramitando otro tratado de libre comercio con algún emirato del Medio Oriente, después de que tramitó otro con un país de Asia, cuando había jurado como candidato presidencial que en su gobierno no habría más TLC. Faltón nuevamente, como faltonearon Ivan Duque y los que lo rodean a los trabajadores y empresarios de las confecciones, cuando les aseguraron que iban a tomar medidas que les permitieran reducir las importaciones a este país.

 

Reducir los costos de producción. ¿Reducirlos para qué? Para que podamos importar menos y exportar más, que es la ecuación que hay que resolver o sino no es posible que Colombia progrese y que generemos los puestos de empleo que hay que generar. Repito, exportar más, en lo que también han fracasado, porque estamos exportando básicamente lo mismo que exportamos en 1990, e importar menos para que haya más empleo y más trabajo en Colombia. Yo he planteado una fórmula precisa, se la envié al Presidente de la República, sobre cómo generar 350 mil nuevos empleos en la industria de las confecciones, empleos principalmente de jefatura femenina y parecido se podría hacer en otros sectores.

 

Reducir costos de producción quiere decir que el crédito debe desconcentrarse, debe irrigarse de la mejor manera y debe reducirse la tasa de interés. Y eso es posible lograrlo. Claro, siempre y cuando el presidente de la República quiera hacerlo.

 

No más impuestos indirectos, que castigan el consumo, principalmente de los pobres y de las clases medias. No habrá más impuestos al consumo, más impuestos indirectos en la presidencia de Jorge Enrique Robledo. Ni habrá alzas en los impuestos ni a los asalariados ni a los pensionados. Repito, no habrá alzas en los impuestos a los salarios de los trabajadores ni a las pensiones de los pensionados.

 

Y vamos a disminuirles también los impuestos a las pequeñas y medianas empresas. Propuesta que llevo años haciendo en el Senado de la República.

 

No se estatizará la economía nacional, que quede perfectamente claro. Ninguna propiedad privada será amenazada por la Presidencia de Jorge Enrique Robledo.

 

Todo esto, además, con el propósito de unir a los colombianos. Es que esta es una propuesta que le conviene a los intereses de los asalariados, de los desempleados, porque pueden conseguirse un empleo, de los campesinos y de los indígenas, de las clases medias y de los empresarios que estén por el progreso de Colombia,

 

Porque aquí hay que señalar también que aquí hay gente que se enriquece actuando contra el interés nacional. A todos ellos los llamamos a que respalden este proyecto y a que corrijan sus visiones equivocadas de qué es lo que necesita Colombia para poder convertirse en una economía de mercado, pero próspera, no de las más atrasadas del mundo, que es en la situación en la que estamos.

 

Al mismo tiempo en que voy a promover los mayores acuerdos de paz que sea posible para lograr procesos de desarme incruentos, también dejo precisamente señalado que en mi gobierno promoveremos con todo rigor y con toda seriedad el monopolio del Estado sobre las armas y sobre la fuerza. Colombia no puede seguir siendo un país donde el que quiera se arma y que dizque se va a arreglar las cosas. Ese cuento nos lo están echando hace más de 60 años, una violencia que no arregló nada y lo empeoró todo. Eso tiene que ser corregido en la próxima administración.

 

No habrá reformas laborales ni pensionales contra los asalariados colombianos. Promoveremos reformas democráticas en salud, de forma tal que la gente en Colombia no se siga muriendo de males que la medicina sabe curar. Los detalles de esos asuntos ustedes los encuentran en mi página de Internet, en donde está planteado en detalle esta visión programática.

 

En educación. Todos los aumentos presupuestales que nos sean posibles para que haya más educación pública y gratuita y de alta calidad, más educación pública, gratuita y de alta calidad. Estoy muy centrado en el tema de pensar en la juventud, por supuesto que sí, que es la primera beneficiaria de más educación pública y gratuita. Pero a los jóvenes también y con todo cariño les dejo esta reflexión, lo mejor que le puede suceder a un joven en la vida es que les vaya bien a los padres de ese joven. Porque cuando una familia, los padres de uno jóvenes, les pasa, por ejemplo, lo que me pasó a mí en la vida, seguro que le va mejor. Yo tuve que salirme solo a ganarme la vida después de que en mi familia pudieron garantizarme mis estudios primarios, los secundarios y los universitarios. Entonces, que los jóvenes y todos entendamos que la propuesta de las fuentes de empleo y riqueza es una propuesta que les sirve a los jóvenes de dos maneras, por el lado de lograr que cuando estén en edad de trabajar consigan empleos. Pero además, por el lado de que si sus padres se emplean, por supuesto que sus condiciones de vida mejorarán, incluidas las mujeres y todos los demás sectores maltratados de distintas maneras.

 

Actuaremos para que la educación pública y la privada, que no voy a estatizar, mejoren su calidad. Y particularmente la educación privada no puede ser con ánimo de lucro. Eso está establecido en la Constitución Nacional. Y de eso se están burlando no pocas instituciones. Todas las garantías a la educación privada, claro, pero por supuesto, en un ambiente democrático de garantías a los trabajadores, a los empleados y a los estudiantes. O sea, la mejor educación se da allí donde hay libertad de cátedra y de pensamiento, cuestión que también garantizaremos en la educación pública.

 

No estoy de acuerdo además con ninguna concepción que pretenda que en cualquier educación, pública o privada, los profesores impongan su punto de vista. No es la convicción que tengo. Y también agrego no es lo que sucede en la educación pública colombiana. Sobre eso han mentido los duquistas como una manera de perseguir y maltratar a los profesores y a las profesoras de Colombia y a Fecode, su organización gremial, que tiene que ser protegida si queremos que de verdad Colombia sea una democracia. Y de la misma manera que deben ser protegidas las organizaciones de patrones y empresariales.

 

Me detengo también sobre este otro punto, estos personajes que nos han gobernado y su corrupción, en buena medida tiene que ver con que pasaron de hecha la ley, hecha la trampa, a introducir la trampa en la ley, o sea, en aprobar leyes que ya son corruptas. Y cuando las leyes no les sirven, entonces se las pasan por la faja, que es lo que le está pasando al taxismo formal de Colombia, concepción con la que por supuesto no estoy de acuerdo. Si alguna cosa hay que defender en democracia es que las leyes que favorecen a las gentes sencillas tienen que cumplirse de la misma manera que se cumplen otras leyes. Aquí no puede ser que si aparece una transnacional en Colombia a pasarse por la faja la legislación nacional, la Constitución Nacional, una minoría, la minoría que nos gobierna, en una actitud corrupta, se pone a facilitar condiciones que en mi gobierno no se facilitarán.

 

Y por último, decirles que esos cuatro años de mi gobierno habrá en una inmensa lucha en el terreno del pensamiento y la cultura, que ningún gobierno ha adelantado en Colombia, no porque sea difícil o imposible adelantarla, sino porque tienen visiones reaccionarias, porque son machistas, porque son racistas, porque les parece muy normal perseguir al que es diferente, perseguir a las minorías o a sectores que pueden no ser minoritarios como pasa con las mujeres, pero que las maltratan por razones ideológicas.

 

En mi gobierno, cuatro años enteros de una inmensa campaña en el terreno de la educación, del pensamiento, de la cultura: conferencias, libros, afiches, poesías, canciones para convencer a los colombianos que aquí nadie debe ser ni maltratado, ni discriminado, ni violentado por sus características particulares. Me refiero que a esas condiciones no pueden seguir siendo sometidas en Colombia ni las mujeres, ni los negros, los afros, ni los indígenas, ni los niños, ni los ancianos, ni los LGBTI. Nadie puede seguir siendo maltratadoaquí porque es diferente, simplemente porque es parte de la diversidad del país, y resulta que en la base de todo lo positivo que hay en Colombia está la diversidad nacional.

 

Lo menos que puede suceder con Jorge Enrique Robledo compitiendo entre marzo y mayo, como se ve aquí, es que vamos a elevar la calidad del debate. Aquí van a tener que salir a bailar todos los debates, esos lugares comunes, retardatarios, regresivos, que son tan comunes en la vida nacional no se van a poder sostener si Jorge Enrique Robledo es candidato a la Presidencia de la República, porque tendrán que debatir sobre todos estos temas que he planteado.

 

Decirles, además, que esta es una candidatura en ascenso. Es lo que estoy sintiendo por donde voy. Cada vez más gente está diciendo Senador Robledo, estamos con usted, usted es una persona seria, está haciendo planteamientos de fondo, honradamente está por la transformación democrática de Colombia.

 

Le ha dado un gran aliento a esta campaña el “no todo vale” que hemos levantado como una concepción de principios en torno a la cual nunca cederemos nuestros puntos de vista, porque aceptar el “todo vale” es permitir que se agrande todavía más la inmensa corrupción que hay en Colombia.

 

Termino diciéndoles, compañeros y compañeras, a ustedes y a los demás voluntarios de esta campaña que no están aquí esta tarde con nosotros: ¡Muchísimas gracias por todo lo que han hecho! Sin ustedes este proyecto no existiría, sin ustedes y sin mucha gente como ustedes Jorge Enrique Robledo no podría estar librando las luchas que estoy librando, porque este, al fin y al cabo, es un proyecto colectivo, el fruto de la lucha y del sacrificio y del trabajo duro de muchos.

 

Decirles, además, que ¡podemos ganar y que vamos a ganar, que podemos ganar y que vamos a ganar la Presidencia de la República!

 

Pedagogía. Trabajo duro en esta semana que nos queda. Les recomiendo usar una estrategia que usaba con mis estudiantes cuando les ponía un trabajo en la Universidad y les daba ocho días para que lo presentaran. Y como buenos estudiantes siempre me decían, no, Jorge Enrique, muy poquito tiempo, ocho días. Y yo les decía ocho días y ocho noches son 15 días. Luego tenemos tiempo suficiente. Tenemos entonces 15 días, 15 días de trabajo duro, compañeras y compañeros, para triunfar en este proyecto.

 

Utilicemos en la pedagogía del tarjetón un arma secreta que hemos diseñado para que la gente entienda qué hacer. Que pidan el tarjetón de la Coalición Centro Esperanza, que reciban el papelito y que cuando llegue la hora de orientarse, como se les puede confundir el Robledo con Rodríguez o con Romero, que no se pierdan, que miren para arriba y voten por el de las canas.

 

Agregarles esta idea que seguro va a entusiasmar a toda Colombia: ¡para que los corruptos vayan a la cana, voten por el de las canas!

 

Muchas gracias.