En defensa del paisaje cultural cafetero

Oct 16, 2026

En el terremoto del 10 de agosto pasado actuaron tres tipos de edificaciones. Las que fallaron porque fueron construidas con mamposterías de ladrillos sin vigas ni columnas, siguiendo los criterios anteriores a los de los códigos de construcción de después del sismo de Popayán, de 1983. Otras, construidas después, fracasaron por no cumplir con las normas que ordenaban muros de ladrillos reforzados con el hierro necesario en las vigas y las columnas, más los concretos con las mezclas correctas de arena y cemento.

Y hubo negligencias oficiales para no cumplir con las normas legales establecidas para que las construcciones resistieran los sismos, en especial en instituciones educativas y de salud.

De otra parte, en este sismo les volvió a ir muy bien a las casas de bahareque –con sus muros de maderas y guaduas–, los cuales, desde la mitad del siglo XIX, ante los fuertes temblores que hasta amenazaron la existencia de Manizales, le dieron larga vida al llamado “estilo temblorero”. El cual, por décadas, resolvió el problema de los terremotos y facilitó el desarrollo de la región que hoy conforman los departamentos cafeteros de Caldas, Risaralda y Quindío, más el norte del Valle del Cauca.

Si esta vez hubo muros de bahareque que fallaron fue porque, por no protegerlos de la humedad, se les dañaron sus maderas y sus guaduas. Y se había dado el grave error de mezclar esas paredes con las de mampostería de ladrillo, mixtura que no es estructuralmente compatible, por lo que lleva a que fallen los bahareques y las mamposterías en el papel de ser sismorresistentes que por aparte sí pueden cumplir.

Hasta donde dicen, anunciaron la construcción de quinientas viviendas para damnificados en zonas rurales del Antiguo Caldas y de otras tantas en el Chocó, en los dos casos, seguramente, en un número insuficiente.

Viviendas de apenas 33 metros cuadrados y una sola alcoba y de muy difícil crecimiento, porque son de unas muy costosas láminas metálicas jamás utilizadas en la región, que en nada son compatibles con el bahareque ni con la mampostería. Y no los iguala en la calidad de sus formas arquitectónicas.

Pero lo peor es que los promotores de estas construcciones, llamadas Steel Frame, no tuvieron en cuenta que esta es una región única en el país, con tan altas calidades y particularidades tecnológicas y formales que es un bahareque de importancia universal, que por lo tanto debe ser respetado y protegido.

Tantas son sus reconocidas virtudes, que el Paisaje Cultural Cafetero de Colombia (PCCC) fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, la organización de la ONU que promueve la valoración y la defensa de la cultura en el mundo.

Por razones obvias, lo que hay que hacer con este Paisaje Cultural Cafetero es valorarlo y preservarlo en vez de deteriorarlo con el extraño tipo de edificaciones que le quieren sobreponer.

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