Por Jorge Enrique Robledo
Entre las peores metidas de pata de Gustavo Petro en su gobierno –que son muchas–, está lo que hizo y dejó de hacer con su exagerado aumento de los avalúos catastrales y los mayores impuestos prediales que vienen con ellos, en especial contra los sectores populares y las clases medias.
Los reavalúos catastrales fueron ordenados por la ley del Plan de Desarrollo de su gobierno y la aprobaron sus partidarios en el Congreso.
Con esa ley, en ridículo quedó la demagogia de Petro de presentarse como amigo de los pequeños propietarios del campo. Pues el 62,2 % de los predios rurales de Colombia mide menos de tres hectáreas y el 98,6 % de los afectados en los 520 municipios reavaluados tiene menos de cien.
Que no engañe Petro con la mentira de que quienes se pararon en las vías fueron los propietarios mayores, para ocultar que hay incrementos de los reavalúos indignantes, del 100, 300, 500, 1.000 % y más.
Además, y esto es de lo peor, Petro y sus congresistas no sacaron adelante la ley que prometieron para suavizar lo ordenado en su Plan de Desarrollo, y se opusieron a otra. Muy acuciosos para aumentar los impuestos y muy irresponsables para no reducirlos.
Con todo cinismo, Petro les echó la culpa del problema a los alcaldes –que no tuvieron nada que ver con la ley– y los amenazó con echarlos “de inmediato de su cargo por orden mía”, gran engaño con ridículo incluido, porque el Presidente de Colombia no tiene esa potestad.
Y en sus amenazas a los que protestaban y a los alcaldes y concejales, Petro fue capaz de afirmar: “Las guardias libertadoras tendrán que organizarse para abrir las carreteras” (!!!), grupos que tendrían que ser de paramilitares porque esas “guardias” no existen en la Constitución.
Como antecedente de este problema está que el impuesto predial les da igual trato a quienes no tienen sus propiedades rurales o urbanas como negocios de valorización del suelo, porque las usan para habitarlas y no les rentan nada. O producen en ellas bienes agrícolas que les generan escasos ingresos, luego los impuestos prediales encarecidos deben pagarlos empobreciéndose más o vendiendo sus parcelas y yéndose a vivir peor.
Estamos entonces ante el autoritarismo de un Petro incapaz de generar reformas posibles y que les sirvan a los colombianos del común.
Bogotá, 18 de abril de 2026.
